El gran salto de los trabajadores

30 abril, 2010

Por mucho tiempo los trabajadores fueron invisibles. Recién a mediados del siglo XIX se asoman en la escena de la política nacional. Fue en la guerra civil de 1851, que puso en jaque al régimen portaliano, que por cerca de 20 años había conseguido mantener la paz civil y el progreso económico del país.

Al parecer, el cambio desde la condición del inquilinaje – que era fatal e inamovible – a la de trabajador asalariado independiente, fue demasiado violento. Uno de los traumas del cambio fue encarar problemas de alimentación, salud y vivienda que antes estaban de buena o mala manera resueltos en la hacienda. Como no tenían ningún tipo de protección ni previsión, los trabajadores comienzan a organizarse, y se multiplican entonces las sociedades de socorros mutuos, que habían aparecido tímidamente a mediados del siglo XIX, entre los gremios de tipógrafos, sombrereros y otros oficios.

Luego aparecieron las mancomunales para conseguir “el mejoramiento económico, social e intelectual del obrero” Es importante este último aspecto, ya que se inició el desarrollo de toda una cultura proletaria, que se manifiesta en el teatro obrero, la poesía popular y la prensa de los trabajadores, además de escuelas nocturnas y hasta universidades populares, con colaboración de profesores primarios y de escritores como Víctor Domingo Silva. Así, los trabajadores adquirieron cohesión, identidad y llegaron a convertirse en un actor político y electoral al que todos los gobiernos debieron considerar.

Fueron estos movimientos políticos y culturales de los trabajadores, en alianza con los sectores medios emergentes, los que a partir de las primeras décadas del siglo XX consiguieron crear en Chile una legislación social y del trabajo, y luego sistemas previsionales y de salud, que se contaron entre los más avanzados y eficaces del continente. Al mismo tiempo, la instrucción primaria obligatoria y la educación pública, no sólo contribuyeron a dar calificación al trabajador, sino que se convirtieron en medios efectivos de ascenso social.

Hoy, aquella cultura proletaria, que floreció tanto entre los mineros del salitre y del carbón, como entre los ferroviarios, tranviarios y sindicatos fabriles, que se manifestó en las filarmónicas y los Ateneos obreros, se ha diluido en la cultura de los medios masivos de comunicación. Las identidades se construyen ahora ya no desde la condición de productor, sino más bien desde la de consumidor, y vemos a los obreros de la construcción, después de la jornada laboral, comiendo en los Mac Donalds, vestidos con bluyines, casacas y zapatillas importados. En ellos ya no queda nada del inquilino que se quitaba la chupalla y bajaba la vista ante la presencia del patrón. Parece que hemos llegado al fin de un proceso de modernización que se inició después de la Guerra del Pacífico.

Especial para las celebraciones de mañana.
Saludos, Coté

Fuente: http://www.nuestro.cl/

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