Archivos – 8 junio, 2010

Julio Iglesias regraba canciones que considera las cantó mal

Con una trayectoria de aproximadamente cuatro décadas el popular artista español anunció a la agencia AP en una reciente entrevista telefónica realizada el martes que se encuentra en proceso de regrabar algunos de sus clásicos temas, debido que, en palabras del artista, las había cantado mal. “Estoy volviendo a grabar, respetando los arreglos, el 80% de lo que canté mal” comentó el cantante para luego añadir “Todas esas canciones que canté cuando era un chico, un joven que tenía mucha ilusión”. Algunos de los temas que el artista editará son: “De niña a mujer”, “Un canto a Galicia”, “33 años” y “La vida sigue igual”.

Es bueno ser objetivo . Que te parece?

Besitos, Tati.

Fuente: http://www.zonalatina.cl/

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Celos. La otra vida de Catherine M.

Encuentras unas fotos en la mesa de trabajo común. A su lado, un cuaderno abierto. Miras las fotos, sin prestarles mayor atención, y luego tu mirada se desliza hacia las líneas escritas recientemente. Entonces tu corazón se sobrecoge: sabes de súbito que quien comparte contigo la casa y la vida es infiel. En sí, eso no te complica, puesto que tú descrees desde muy temprano de la monogamia y llevas una vida sexual intensa fuera de los límites de la pareja; pero lo que no sabías, lo que te abisma y sumerge en una espiral de obsesión, inseguridad y espanto, es que el otro tiene una vida distinta, una vida autónoma, una vida donde tú no estás presente y que se prolonga por ya varios años.

Este es el nudo de Celos. La otra vida de Catherine M., de Catherine Millet. La autora, directora de Art Press, la revista sobre arte contemporáneo de mayor prestigio, golpeó a la cátedra con su primera novela, La vida sexual de Catherine M. El estilo diáfano y distanciado del libro cautivó a los lectores, más allá de lo que se percibía como escandaloso: que una mujer del prestigio de Millet abordara, sin máscaras, su intimidad más secreta. En Celos, la narradora/autora da cuenta de la génesis del personaje, que nació cuando en su relación se abrió una zona de silencio en torno a la vida sexual que ella llevaba con otras personas. La contradicción flagrante que se verifica en este libro -celos porque el otro hace lo mismo que tú haces- muestra a otra
Catherine, ya no la mujer liberada que se distancia tanto de su experiencia que es capaz de explicarla sin pudor, sino a aquella ensimismada en la búsqueda de pistas y detalles que le permitan reconstruir el tejido y la textura de esa “vida mítica” que su marido lleva sin ella. Un ejercicio tanto más doloroso, por cuanto el objeto de sus desvelos no parece advertir la causa profunda de su inquietud y de “las crisis” que le sobrevienen, sin que aún, y por un largo tiempo, se atreva a plantear la verdadera causa de ellas. “Nos convertimos en el lector de una novela de la que somos el autor que se ignora”, dice Millet, y probablemente aquí, mucho más que en la crudeza sexual o la exploración minuciosa y desgarrada del propio dolor, radica el valor de sus libros: en su manera de abordar su historia, en la manera de construir su personaje, Millet se convierte en la intérprete de pulsiones universales que despiertan múltiples ecos y asociaciones en cualquier otro lector ajeno a la génesis y construcción de esa otra vida.
Catherine Millet. Anagrama, Barcelona, 2010. 223 páginas.

Que bueno es poder recomendar un muy buen libro.
Saludos, Coté.

Fuente: Rodrigo Pinto – http://diario.elmercurio.com/ – http://www.google.com/imgres

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“Queríamos sumergirnos en el pasado”

El líder de los Rolling Stones, Mick Jagger habla del documental que se estrena en I-Sat.

Es una oda a la juventud. Mick Jagger, 67 años, viste enormes zapatillas Nike, jeans ajustadísimos, chaqueta deportiva y su salvaje cabellera corona una actitud y marca de fábrica que, pese a las arrugas -que son más de lo que uno podría imaginar-, sólo van en una dirección: este hombre parece ser el dueño de la fuente de la eterna juventud. Rodeado de periodistas de todo el mundo en la sala de cine francés Theatre Croisette, ansiosos por hacerle preguntas, Mick Jagger se mueve como un adolescente inquieto, gira la cabeza hacia arriba y sin aviso previo su cara parece dividirse en dos, de oreja a oreja, cuando nace su enorme y famosa sonrisa, con una infinita fila de dientes.
Jagger es la estrella y está presentando ante el exigente público del Festival de Cannes, en la sección Quincena de Realizadores, el documental “Stones in exile” (ver ficha), que él mismo produjo y que muestra cómo los Rolling Stones crearon a inicios de los años 70 el mejor disco de su carrera, “Exile on Main St.”, un álbum doble, imperdible por su fuerza, sensualidad y energía y, más que nada, un reflejo exacto del fin de una época y una radiografía del espíritu roquero y bohemio que impregnaba a estos músicos.
La nueva versión del disco que los Stone decidieron sacar a la venta, trae diez nuevos temas. Según cuenta Jagger, quisieron hacerlo además con la ayuda de un documental que contara los entretelones de este viaje creativo. “La idea era que la gente viera el espíritu de la época, queríamos sumergirnos en un viaje al pasado”, explica. Para eso ficharon a un joven director, el inglés de 28 años Stephen Kijak (tal vez por su corta edad más controlable para contar esta historia oficial), quien no tuvo derecho al corte final, pues sus empleadores estuvieron sobre él todo el tiempo. “No me importó porque siempre hubo un diálogo fluido entre los Stones y yo”, cuenta el director Stephen Kijak, y la verdad es que el documental no oculta nada de lo que fue el convulsionado making of de “Exile on Main St.”.
Una experiencia alocada que comenzó cuando Mick Jagger, Charlie Watts, Keith Richards y Mick Taylor, entre otros integrantes de ese entonces, decidieron emigrar de Londres a un dorado exilio en el eterno calor de la Costa Azul francesa, debido a su inminente quiebra económica. Así las cosas, los Stones llegaron a la Riviera francesa desordenados y cada uno por su cuenta. Por ejemplo, Mick Jagger desembarcó en Saint-Tropez; Keith Richards en Villefranche-sur-Mer, entre Niza y Cannes, donde arrendó una lujosa villa, llamada Nellcôte, centro de operaciones de la Gestapo en la Segunda Guerra Mundial y, en 1971, el cuartel general de los Stones y sus interminables sesiones musicales y farras de excesos.
Durante este período, Keith Richards, anfitrión en un inmenso caserío, fue el centro y corazón que hizo latir a la banda a su ritmo para producir este disco, despreciado en un comienzo por la crítica. “Cuando ‘Exile’ salió la crítica no fue tan generosa. No lo maltrataron, pero tampoco dijeron que iba a ser un clásico. Era nuestro primer álbum doble, disperso, no encajonable, y a los críticos les llevó tiempo digerirlo y entenderlo”. Y el modo en que lo grabaron también fue disperso. Según se recuerda en el documental, congregó mínimo a unas setenta personas, entre músicos, técnicos en sonidos, sus respectivas familias e infaltables amigos, como John Lennon o el escritor William Burroughs. Tras ver el documental y esas imágenes de archivo, Jagger opina: “Había muchas personas ahí que no recordaba. Hay un chico rubio que aparece fumando”, dice sobre el futuro actor Jake Weber, conocido por series como “Medium”. “Ahora es una celebridad de la TV, así que mal no le debe haber ido”. Todo este aparataje se movía según los caprichos de Keith Richards, quien a veces trabajaba sin parar día y noche -estimulado por las drogas- y exigía grabar una y otra vez un tema veinte veces, sin parar. Sin descanso. O bien, se ausentaba durante días, porque estaba durmiendo o de fiesta. Como explica en el documental el propio e incombustible Richards acerca de la manera en que él tenía de trabajar versus Jagger: “Yo soy rock y Mick es roll. A mí me gusta despertar sin saber qué hacer, mientras que a Mick le encanta saber cómo estará planificado su día”. Y Mick Jagger sigue planificándolo todo. Incluso, su eterna juventud, con tics, gestos y guiños de chiquillo, aunque en verdad estemos delante de un multimillonario empresario del rock en la tercera edad.

Excelente artículo.
Saludos, Feña.

Fuente: Ernesto Garratt Viñes – http://diario.elmercurio.com/ – suplemento Wikén – http://www.google.com/imgres

1 comentario 8 junio, 2010

Niños obsesivos: signos que delatan

Durante el crecimiento y el desarrollo normal de los niños y los adolescentes, los rituales y los pensamientos obsesivos con frecuencia se producen con un propósito y un enfoque basados en la edad. Los niños en edad preescolar utilizan rituales y rutinas relacionadas con las comidas, el baño y la hora de dormir, que los ayudan a estabilizar sus expectativas y la comprensión de su mundo. Los niños en edad escolar suelen desarrollar rituales grupales cuando aprenden a jugar, a practicar deportes en equipo y a recitar rimas. Los niños mayores y los adolescentes comienzan a coleccionar objetos y a desarrollar pasatiempos. Estos rituales ayudan a los niños a socializar y a aprender a dominar la ansiedad.
Un niño o un adolescente con TOC tiene pensamientos obsesivos que no son deseados y que se relacionan con los miedos (como por ejemplo, el miedo a tocar objetos sucios) y, por lo tanto, utiliza rituales compulsivos para controlar esos miedos (como por ejemplo, lavarse las manos excesivamente). Los pensamientos obsesivos de las personas que padecen TOC originan preocupación y los rituales compulsivos pueden volverse tan frecuentes o intensos, que interfieren con las actividades de la vida diaria y las actividades normales de desarrollo.
Los síntomas más comunes del trastorno obsesivo compulsivo se pueden manifestar a través de conductas como las siguientes:
•preocupación exagerada por la suciedad, los gérmenes o la contaminación
•dudas reiteradas (por ejemplo, si la puerta está cerrada o no)
•pensamientos persistentes acerca de la violencia, las heridas, matar a alguien o herirse a sí mismo
•períodos excesivos de tiempo tocando cosas, contando, pensando en números y secuencias
•preocupación por el orden, la simetría o la exactitud
•pensamientos persistentes acerca de actos sexuales repugnantes o la demostración de conductas prohibidas o consideradas tabú
•pensamientos preocupantes que están en contra de las propias convicciones religiosas
•necesidad extrema por saber o recordar cosas que pueden ser muy triviales
•atención excesiva en los detalles
•preocupación excesiva de que algo terrible suceda
•pensamientos, impulsos o conductas agresivas
Por otra parte, las conductas compulsivas (los rituales repetitivos que se utilizan para reducir la ansiedad causada por las obsesiones) pueden volverse excesivas, molestas y pueden demandar mucho tiempo e incluso interferir con las actividades diarias y las relaciones interpersonales. Algunos ejemplos de conducta compulsiva son los siguientes:
•lavarse repetidamente las manos (a menudo 100 veces al día o más)
•controlar y volver a controlar en repetidas oportunidades (por ejemplo, asegurarse de que la puerta esté cerrada con llave)
•establecer reglas de orden rígidas (por ejemplo, ponerse la ropa en el mismo orden todos los días, guardar las pertenencias en la habitación en un orden muy especial y molestarse si este orden se altera)
•acumular objetos
•contar y volver a contar excesivamente
•agrupar o secuenciar objetos
•repetir palabras dichas por uno mismo (palilalia) o por otros (ecolalia); formular las mismas preguntas una y otra vez
•repetir sonidos, palabras, números o música para uno mismo

Buscando la salida
Para que pueda realizarse un diagnóstico, las obsesiones y compulsiones deben ser suficientemente dominantes, graves y molestas como para que las actividades diarias del niño se vean afectadas de manera negativa. En la mayoría de los casos, las actividades involucradas en el trastorno (por ejemplo, lavarse las manos o controlar las cerraduras de las puertas) consumen más de una hora diaria y provocan angustia psicológica y un desempeño mental reducido. Muy frecuentemente, los adultos notan que estas conductas no son normales, sin embargo, los niños no cuentan con la capacidad crítica para juzgar este tipo de conducta como irracional o anormal.
Es importante saber que este trastorno puede tratarse con efectividad, generalmente mediante la combinación de terapia individual y medicamentos. El tratamiento siempre debe basarse en una evaluación integral del niño y de la familia. Generalmente, la terapia individual incluye técnicas cognitivas conductuales que se concentran en ayudar al niño a identificar y comprender sus miedos y a aprender nuevas formas de resolverlos o disminuirlos con mayor efectividad. Las técnicas conductuales ayudan al niño y a sus familias a establecer acuerdos o pautas para limitar o cambiar las conductas (por ejemplo, establecer una cantidad máxima de veces que un niño con el trastorno tiene permitido lavarse las manos). En ocasiones se recomienda la terapia familiar y apoyo conductual en colegio como parte del tratamiento. Es muy importante que la familia forme parte activa del plan de tratamiento pautado por los profesionales y que se establezcan pautas claras a llevar a cabo ante síntomas de alarma. Asimismo, es importante que a la familia se le entreguen estrategias para un mejor manejo de la conducta del niño, tanto en casa como fuera del domicilio familiar. Es clave que los cuidadores sean también considerados y apoyados, dado los factores de estrés a los que pueden verse sometidos a lo largo del tratamiento.
La terapia familiar es indispensable, ya que las discordias, los problemas con hermanos y padres, con algún familiar en particular y los roles y límites inadecuados, interfieren tanto en el buen funcionamiento de la familia y de cada uno de sus miembros, como con el resultado a largo plazo de la evolución del trastorno en el niño. Los objetivos de la terapia familiar se centran en implicar a toda la familia, identificar todos los comportamientos, comprender en profundidad y con detalle la participación de cada uno de ellos en el comportamiento obsesivo-compulsivo y, finalmente, delimitar los comportamientos positivos. Cuando se tratan los aspectos dinámicos específicos de la familia, ésta puede participar de una forma constructiva y positiva en el plan terapéutico.

Amigas, hay que estar siempre alerta a los comportamientos de los niños. Cómo ha sido tu experiencia? cuéntanos?

Un abrazo!, Mane.

Fuente: Paula Ramírez, sicóloga. – http://www.sonriemama.com/

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