La importancia del respeto

La importancia del respeto

Queridas amigas encontré este artículo y quiero compartirlo con ustedes ya que contiene información muy valiosa con respecto a la familia y cómo podemos cultivar este valor tan hermoso, EL RESPETO.
Hace un tiempo, ante una gran concurrencia de padres y apoderados, la destacada sicóloga Mónica Larraín compartió una reflexión acerca de los alcances de la palabra “respeto”. A continuación reproducimos algunas de sus interesantes ideas. Según la sicóloga, el abuso entre pares es un tema tan antiguo como la existencia humana y se produce cuando dejamos salir ese ser primitivo que se aprovecha del más débil. Frente a los llamados casos de bullying, que no es otra cosa que abuso, explica que es importante profundizar y fundamentar el tema porque se están educando hijos poco preparados para vivir en sociedad. La palabra “respeto” viene del latín “respectus”, que significa consideración, miramiento, acción de mirar atrás y examinar atentamente. Aprendemos a respetar cuando “vemos” a los demás, sólo ahí aprendemos que no somos los únicos, ni los más importantes de la Tierra. En opinión de la sicóloga, para respetar es necesario situarnos frente al otro con la distancia justa. ¿Qué es situarse a la distancia justa? No tan lejos que no lo veas ni te importe, pero tampoco tan cerca que lo confundas contigo. Cuando nos situamos demasiado lejos nos distanciamos, y si nos ponemos demasiado cerca nos confundimos y a veces olvidamos al otro. Lo importante es dejar de ser distantes, pero no distintos, para abrirnos a conocer y aceptar al otro como fuente de posibilidades.

Actitudes esenciales del respeto
Mónica Larraín explica que existen ciertas actitudes que son importantes para fomentar el respeto:

- Ver a los demás a la misma altura, sin catalogar a nadie de acuerdo a “mi” escala, porque automáticamente lo estoy mirando en menos.

- Evitar los reduccionismos, como creer que ya conocemos al otro, porque habitualmente sólo conocemos lo que esa persona ha llegado a ser hasta hoy “desde mi punto de vista”. No sabemos cómo seguirá desarrollándose, de manera que podemos estar limitando a esa persona.

- Debemos desarrollar la capacidad de asombrarnos con las características del otro, de acogerlas como algo bueno para que se sienta de veras comprendido por nosotros.

- Dónde me sitúo: la premisa básica del respeto es “Nadie se dé a sí mismo ninguna clase de preferencia” (C.S.Lewis). La perspectiva de dónde me sitúo incide en cómo miro al otro. El significado de altanero, arrogante, altivo, es aquel que se cree más ALTO que los demás. Cuidemos de no situarnos por sobre los demás en un ranking personal sobre el valor de las personas (atlético, religioso, intelectual, moral, económico, “aristocrático”). ¿Dónde tengo que situarme para respetar? A la misma altura, no somos más ni menos que nadie. Toda preferencia genera rabia en los demás.

- Honrar es respetar: Primero que todo el respeto entre los padres. Segundo, los padres en relación con los hijos. El respeto es algo que se da de padres a hijos y después -y sólo después- se exige. No olvidemos que se habla con todo el ser, palabras, modos, tonos y miradas. Debemos cuidarnos de no usar palabras que impliquen una falta de respeto, subir el nivel en la manera de tratarnos como familia. Los tonos también importan, el modo imperativo impone más que apela, es mejor convencer que imponer. Las imposiciones son necesarias después de haber intentado convencer con el ejemplo y buenos argumentos.

- La cortesía es la base del respeto y precede a la moral. Los buenos modales son lo primero que aprendemos. Ninguna virtud es natural, hay que volverse virtuoso, y para desarrollar una virtud debemos conocer la disciplina, esa que se aprende hasta los 10 años. Los primeros ejemplos de virtud son posibles por disciplina, es decir, lo que el niño no puede hacer por sí mismo debe ser hecho por otros en su lugar, y así una generación educa a la otra. La forma del respeto que es la cortesía precede al fondo, que es este mirar al otro y actuar en consecuencia. Por ejemplo, saludar me dice que debo ver al otro; pedir por favor me dice que nada me es dado porque sí, sino que apelo a la decisión de otro; dar las gracias me hace reconocer al otro que me ha dado algo; decir permiso me dice que hay un espacio que debemos compartir, que el otro también puede ocupar; pedir permiso para usar algo de otro me dice que esa propiedad es extensión de ese otro.

- El respeto se relaciona con “mirar”, para que mirando veamos. Por ejemplo: que no interrumpamos, ordenemos el baño, la pieza, etc. Es necesario mirar cómo utilizo un espacio físico para que otros lo puedan usar, mirar cómo dejo mi espacio para no dar a otro un trabajo innecesario. Mirar a otro para ver su trabajo y no considerarlo inferior al mío o a mi quehacer. Cuando miramos al otro aprendemos a respetar en el hablar, sin interrumpir y viendo al otro que está hablando. Toda palabra que implique un reduccionismo (perno, achorado, pobre, etc.) es no mirar al otro y por tanto no verlo en su real dimensión de ser complejo, único y digno.

Un abrazo, Mane.

Fuente: Fundación Familia Unida – http://www.sonriemama.com/

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