LA HISTORIA DE MARIE – BUENAS Y MALAS NOTICIAS
23 junio, 2010
Cuando analizaron el tejido extraído notaron que los márgenes no estaban claros, lo cual significaba que todavía había cáncer en mi pecho. Y cuando sacaron los 27 nódulos linfáticos de mi lado derecho, encontraron que 23 eran cancerígenos. Algunos ellos se habían abierto violentamente y probablemente habían depositado células cancerosas en mi torrente sanguíneo, que podrían viajar a otros órganos. Después de que el oncólogo llamó con los resultados de los análisis, me colgué del teléfono llorando. Mi hermana, que me ayudó mucho después de la operación, me consolaba mientras lloraba conmigo. “Nos ocuparemos de esto, prometió”.
Nadie puede imaginar la culpabilidad que sentí por haber descuidado mi salud durante tanto tiempo, haciendo que la enfermedad avanzara hasta semejante punto. Pensé que era una idiota.
Las noticias siguientes fueron más alentadoras. Los estudios de los huesos y el cuerpo no mostraban signos de metástasis, o al menos ningún tumor que fuera lo suficientemente grande como para sonreírle a la cámara. Si sólo pudiera tener una buena noticia, era ésa. Pero cuando las vendas se quitaron del lado derecho de mi pecho, la herida desigual me devastó una vez más. “Era terrible”. Después de una operación de cáncer de mama todas enloquecemos por cosas distintas. Para mí resultó terrible el drenaje colgando de un tubo que salía de un agujero de mi costado derecho. Drenaba un fluido acuoso y sangriento de la operación y, con el paso del tiempo, los bordes del agujero estaban cada vez más irritados y sensibles. Después de casi dos semanas finalmente me lo quitaron y el tejido se había recuperado considerablemente.
Honestamente creía que mi caso estaba tan avanzado que me iba a morir. Pensé que si alguien como Linda McCartney, que tenía todos los recursos para conseguir la mejor atención posible no lo consiguió, probablemente yo tampoco podría. Mucha gente hacía hincapié en la necesidad de permanecer “positiva”. Por primera vez en mi vida, la muerte era algo real para mí. Sin embargo, cuando le hablé a Dios no le pedí que me curara. En vez de ello le pedí fortaleza para soportar lo que pudiese venir.
Amigas, compartan sus comentarios o experiencias.
Un gran saludo, Mane.
Fuente: http://www.tudiscovery.com/homeandhealth/



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