Zonas erógenas del hombre: las más sexys

13 agosto, 2010


Su zona erógena preferida

El glande, la cabeza del pene, que tiene casi tantas terminaciones nerviosas como tu clítoris, por lo tanto es una de las zonas erógenas favoritas del hombre. Si lo estimulas como Dios manda, el chico se vuelve loco de placer; si le haces un tocamiento torpe, ve las estrellas. También tendrás que ocuparte del prepucio que, como dice la sexóloga y terapeuta Isabel Serrano, “protege al glande y lo mantiene lubricado”. Así que ¡manos a la obra!

Se estima haciendo un anillo con tus dedos, rodea la base del pene (en los burdeles orientales llaman a esto “la pinza birmana”). Con la otra mano, masturba suavemente el tronco, de arriba abajo. ¡Uf, estupendo! Si mantienes el pulgar y el índice apretando la base, aumentas el tamaño del pene, porque “la presión cierra las venas de retorno y la sangre se almacena en el glande”. Al cabo de un rato, ya puedes meter el pene en la vagina, pero… ¡quieta parada!

Sensibilidad pura

Pues nosotros juraríamos que esta es una de las zonas erógenas del hombre que está en la lengua, fíjate qué despiste, pero la Dra. Serrano nos sopla que “es la zona de piel que se extiende desde el prepucio hasta el glande”. Así que masturba el pene con tacto y con el dedo índice acaricia el frenillo en circulitos, armonizando su movimiento con “el de la mano que mece la cola”. Así, así… ¡Fantástico! Remata la faena con una actuación a cuatro patas: es la postura ideal para estimular el frenillo con las paredes de tu vagina y que él estimule tu punto G y tu clítoris.

Esos señores tan especiales

Dónde está: Otra de las zonas erógenas del hombre, sin duda, son ¡los testículos! Si él se deja puedes rozar su rafe con la lengua o con los dedos: pon el pulgar en la base del pene y el índice al final de los testículos y, luego, desliza las yemas. Despacito que no son de goma, y aprieta el rafe hasta que se junten los dos dedos. Afloja y aprieta varias veces. Acaricia con la otra mano el pene, que ya está tieso como la pata de Perico. Es el momento de sentarte en él. Venga, no seas vaga. Cabálgalo como si fuera un toro mecánico. Ahora mandas tú. ¿Que quieres que aguante hasta el orgasmo? Afloja el ritmo. ¿Que quieres que se corra? Hazle el “gancho”: pon tu índice sobre el rafe y muévelo como cuando te rascas el cogote, pero suave. La eyaculación será instantánea.

Un beso, Feña

Fuente: Revista Cosmopolitan

Filed under: Amor,Mujer,Pareja


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