Amigos y enemigos: Los reconocemos antes del año de vida
20 enero, 2012
Un nuevo estudio establece que los niños son capaces de entender y evaluar la conducta social y antisocial de los demás a los ocho meses de edad.
Una conducta exitosa socialmente incluye la habilidad de aprender a evaluar apropiadamente a aquellas personas con las que nos relacionamos, para así identificar a amigos y enemigos y, además, expresar aprobación y rechazo hacia las acciones de los demás. ¿Cuándo surgen estos talentos y cómo se desarrollan? ¿Los bebés son conscientes de las sutilezas de las interacciones humanas? ¿Cómo podemos averiguar lo que piensan las guagas y los niños más jóvenes sobre el comportamiento de la gente?
Un estudio reciente publicado en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de la Ciencia de EE.UU., aporta nuevos antecedentes sobre el complejo tema de la conciencia moral y el jucio social. Al parecer, se desarrolla muy temprano en nuestras vidas.
La investigación empleó títeres que actuaban en diferentes situaciones sociales para poner a prueba las respuestas de los menores. Un escenario incluía un títere que intentaba sacar una pelota de una caja, mientras otros títeres colaboraban en ese esfuerzo o lo obstruían. Los que apoyaban, ayudaban a abrir la caja, mientras que el otro títere intentaba mantenerla cerrada.
Entonces, un segundo grupo de títeres fue introducido a escena. Estos le quitaban o daban juguetes a ambos tipos de títeres de la escena original. Los investigadores se preguntaban si las guaguas preferirían a los títeres que “actuaban amablemente” y entregaban juguetes o se inclinarían más hacia aquellos que eran “mal intencionados” y se llevaban los juguetes.
A la edad de cinco meses, los bebés prefirieron las marionetas que entregaban juguetes, independientemente si éstos eran dados a los títeres “colaboradores”u “obstructores”. Las guaguas veían las cosas en blanco y negro: dar era bueno; quitar era malo.
Pero cuando los menores tenían ocho meses de edad, la respuesta fue diferente. Estos niños de mayor edad también preferían los títeres que actuaban amablemente, pero respondían de manera más favorable hacia aquellos títeres colaboradores que les habían quitado juguetes a aquellos títeres que obstruyeron la labor del títere original.
Dar y quitar ya no era un acto blanco y negro. Los menores se veían influenciados por la forma en que los títeres habían tratado al títere original y parecían estar conscientes del contexto general de la situación. Apoyaban el comportamiento negativo hacia aquellos títeres que actuaban negativamente hacia el títere.
Los investigadores, de la Universidad de Columbia Británica y la Universidad de Yale concluyeron que los bebés de mayor edad eran capaces de establecer una conexión socialmente sofisticada entre una conducta social positiva y provechosa y el castigo a un comportamiento antisocial.
Ambas reacciones apoyan y enriquecen estudios anteriores que han mostrado cómo en los primeros seis meses de vida las evaluaciones sociales de los menores se basan en reglas simples que se aplican de forma rígida: dar es bueno, quitar es malo.
Pero cuando superan la segunda mitad del primer año de vida, las guaguas son capaces de entender y analizar en un contexto general los actos de quienes los rodean. En otro escenario creado por los especialistas, niños de 21 meses de edad debían optar entre llevar regalos o quitárselos a títeres que se habían mostrado colaboradores o obstructivos hacia otro títere.
Estos niños eligieron darles presentes a los primeros y quitárselos a los del segundo grupo. Los investigadores determinaron que la habilidad de los niños para juzgar el comportamiento en términos de quién perpetra un acto y quién es el objetivo, sigue desarrollándose durante la infancia, influyendo en la forma en que se comportaron frente a los títeres.
Esta habilidad social tal vez se aprenda culturalmente o se adquiera con el desarrollo, pero los científicos creen que tal vez “surge del proceso de selección natural que dio forma a un evolucionado sistema de enjuiciamiento social que sustenta la existencia estable de la cooperación en nuestra especie”.
De esta forma, estas conductas, que comienzan a emerger en la infancia, resultan críticas para las relaciones exitosas intrapersonales e intrapoblacionales que pueden ayudar a la gente a formar alianzas beneficiosas y evitar las de tipo pernicioso. Las primeras también podrían incrementar la probabilidad de supervivencia de la especie.
Fuente: Tendencias de La Tercera


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