17 lecciones para la vida (parte 1)
En más de 300 encuestas, entrevistas y reportes donde repasaron su vida, un grupo de adultos mayores dejó una lista de lecciones para considerar. No es sólo sentido común que, por cierto, llega con la experiencia. Son situaciones límite o cotidianas de las que ellos sacaron algo en limpio, pero que uno suele dejar pasar. Tome nota.
En su mayoría, los hombres son de manos gruesas. Se hicieron a base de rigor, esfuerzo físico y sin quejarse cuando les tocó duro. Eso sí, ahora se emocionan cuando repasan cómo llegaron donde están. Ellas son mujeres que, por la época que les tocó vivir, sus aspiraciones fueron limitadas: algunas habrían tomado otras decisiones, pensado más en ellas mismas, pero entendieron que su rol era fijar su vida en su familia. Ya lo sabíamos y ahora lo confirmamos: cuando el matrimonio es feliz la vida mejora.
De estos adultos mayores ahora sabemos que la experiencia es la vara que mide su éxito: lo que hicieron, dónde llegaron, qué lograron; el talento, en esa mirada, es secundario. Tomaron nota de que no hay que darles tantas vueltas a las cosas, que hay que filtrar, dejar pasar y, de esa manera, calibrar cada emoción en su justa medida. Algunos lograron visualizar su vida en fases y pudieron cerrar capítulos y ser más felices con la suma de ellos.
No todos pudieron optar en la vida: algunos siguieron sólo el camino que les tocó imponiéndose como objetivo salir adelante. Están divididos en cuanto a los riesgos: la mitad dice que debió ser más osado. Acá están sus lecciones.
LECCION 1: Hay que hacerle caso a la cabeza también
Me hubiera gustado que mi esposo fuera cariñoso y haber viajado con él. Yo siempre salía con mis dos hijos sola. Lo conocí a los 15 años. El tenía 16 años y se iba solo a las quintas de recreo de Tobalaba. Allá bailaba, tomaba y fumaba. Yo sabía cómo era, pero estaba muy enamorada de él. Lo conocí en el barrio en Ñuñoa, en el pasaje Graciela, por la calle Hamburgo. Mi mamá tenía un negocito de bebidas y yo lo atendía. Lo veía pasar todos los días en bicicleta. Así me gustó. Para conquistarlo, cuando veía que venía me entraba, no me quedaba viéndolo como las otras niñas. Una amiga me aconsejó que hiciera eso y me resultó. Pololeamos cinco años, me casé a los 20 años y me separé a los 28. No debí casarme con él… pensar más con la cabeza que con el corazón. Hay que hacerle caso a la cabeza también. Yo no veía los defectos de él. El murió hace muchos años de un infarto. Y no tengo ningún recuerdo bonito de él. Me duele por mis hijos. Dos años después conocí a José Luis. Con él lo pensé mejor y me preocupé de no caer en el mismo error. Era una muy buena persona. Tuvimos tres hijos. (Lidia Zúñiga, 88 años)
LECCION 2: Cuando hay esfuerzo, la vida es sin llorar
Mi madre se murió cuando yo tenía cinco años y no tengo ningún recuerdo de ella. Cuando ya fui mayor pensé que me había hecho falta, pero las cosas se dieron así y uno tiene que afrontarlas. Nunca fui una persona que se sienta a lamentarse de las cosas que pudieron haber sido y no fueron. Y me pasó en varias etapas de la vida. Siempre me las arreglé y tuve claro dónde quería llegar: salir del círculo de pobreza. A los nueve años a la tía que vivía conmigo le dio tuberculosis y quedé solo. Empecé a trabajar en un laboratorio clínico después del colegio. También hacía el aseo en una librería. La señora y el dueño me daban el almuerzo a cambio de que les hiciera unos mandados. En la década del 40 o 50, la palabra universidad no existía. Menos en mis condiciones. Uno buscaba salir adelante nomás, tener una profesión lo antes posible. Como ve, en mi vida no tuve opciones para elegir y no me lamento por eso. Al final igual llegué donde quería, entonces no veo motivo para lamentarse. Quería formar una familia fuera de ese círculo y que tuvieran las opciones que yo no tuve. Sin el apoyo de mi mujer habría sido imposible. (Héctor Cisterna, 77 años)
LECCION 3:
-“Enamorarme y casarme con ella”.
-“Enamorarme de mi esposa, hace 53 años”.
-“Enamorarme fuertemente”.
El matrimonio es uno de los hitos que más marcan la vida de las personas. Al analizar las 300 entrevistas, quienes tuvieron o tienen un matrimonio feliz, eran capaces de traspasar esa felicidad al relato de toda su vida.
Tengo tres hijos y los tres se han separado. En cambio, con mi marido llevamos 48 años casados. Yo soy católica y siempre tuve la idea de que una se casaba para toda la vida. Por eso me dolió mucho lo de ellos. Además, yo nunca les hablé de problemas en el matrimonio porque a mí las cosas se me dieron fáciles, tal vez por mi carácter o porque me encontré con una persona que tenía mis mismos valores. Cuando una es católica, piensa que todos los problemas se pueden superar. Mire, yo tuve un conflicto con mi marido porque cuando los niños eran chicos se “avivó” por ahí. Noté que no tenía una actitud muy de compañero, que se me estaba alejando y descubrí que tuvo un episodio corto con otra persona. Cuando me di cuenta dije qué hago: me separo, termino todo… Pero pensé: cómo iba a dejar a mis hijos sin padre por un dolor que uno tiene. Mi marido era muy buen padre, buen marido y lo encontraba noble de sentimientos. Entonces, hablamos y nos arreglamos. Hice lo correcto por mi matrimonio, por mi familia y por todos los años que vinieron, que fueron muy buenos. Cuando uno tiene un matrimonio estable y suceden pequeñas cosas en relación a la base que uno tiene, pienso que hay que perdonar. El ha sido mi mejor compañero en la vida. (Ada, 77 años)
LECCION 5:
-“Haber trabajado 40 años sin parar”.
-“La empresa que logré de la nada”.
-“Cuando recibí el título de enfermera”.
La experiencia, y no el talento, es lo que prima en los relatos de los adultos mayores. Es la perseverancia y el trabajo continuo lo que más mencionan y valoran al momento del balance.
LECCION 6:
-“Que no vale la pena perder el tiempo rumiando sobre lo que le haya sucedido a uno en el pasado”.
-“Lo que pasó, pasó”.
Un alto porcentaje de las personas encuestadas dice que aprendió a dimensionar los problemas. Olvidar, dejar de dar vueltas sobre un asunto, es la clave que mencionan para superar los hechos negativos.
LECCION 7: Hacer lo que a uno le gusta
Ahora tengo más libertad para elegir. Estoy haciendo dos cursos en la Católica, uno de sicología y el de teología. Quiero viajar. Me voy a isla de Pascua a fines de mayo. Ya fui al norte con una amiga y llegamos hasta Bolivia. Pero ahora quiero ir a San Pedro de Atacama. Tengo una fantasía con el Valle de la Luna, con la cercanía con las estrellas y el universo. Dicen que allá casi tocas las estrellas.
Quiero seguir aprendiendo lo más que pueda. Aprender a ser mejor persona. Tener una mejor relación con la gente. Quiero ir a leer a los enfermos.
¿Lo más egoísta? Hacer lo que me da la gana. En este minuto me sería difícil tener una relación de pareja. Hago lo que me gusta y no estoy para hacer concesiones. Quiero hacer cosas para otras personas, pero como chiste digo: ¿marido? Ok, pero puertas afuera. No estoy para calentarle el plato a un hombre a esta altura de mi vida.
Tuve que cumplir 60 años para proponerme hacer cosas por mí y para mí. Antes trabajaba ocho horas diarias. Terminaba reventada. Antes uno ni visualizaba esta posibilidad. Ojalá uno pudiera proponérselo mucho antes. (Helvecia Palou, 65 años)
LECCION 8: Los años quitan el miedo a la muerte
Voy a cumplir 90 años y todas las noches pienso si voy a despertar la mañana siguiente. Cuando despierto digo “menos mal”. He tenido cinco infartos. Uno de mis yernos que es médico me dice que me queda mucho tiempo. Y no puedo morirme antes que llegue mi hija que vive en Cuba. La echo mucho de menos. Me gustaría ir a verla pero el doctor no me deja. No quiero que me hagan vivir con tubos y cosas, quiero morirme tranquila en mi cama. Quiero morirme a la antigua, como mi abuelo, de un infarto. Es una muerte elegante. Mientras más edad, menos miedo le tiene uno a la muerte. Tal vez porque uno se da cuenta que el cuerpito que tenemos ya no da para más y está muy cansado. (María Eugenia Arriagada, 89 años)
Fuente: La Tercera



