La hierba sagrada

La hierba sagrada
Así le llaman algunos a esta planta medicinal que se usa en distintos productos cosméticos y crece humilde a orilla del camino, diseminándose de forma silvestre y guardando una historia cargada de magia y poderes sanadores.

Una planta curalotodo. Esa es la fama que conserva la verbena desde la Edad Antigua, relacionándose incluso con lo mítico. Así, por ejemplo, la leyenda cuenta que se usó para curar las heridas de Jesús después de su crucifixión. También se dice que Alejandro Magno la conoció en sus conquistas por el interior de Asia, usándola en algunas dolencias y conservándola como protección ante el fracaso. De esta forma, su prestigio como especie mágica se habría expandido por Europa hasta que, en la Edad Media, ya era ampliamente utilizada para espantar malos espíritus, como amuleto, para fórmulas de amor y toda clase de rituales. En cuanto a su reputación como hierba medicinal, esta se encuentra intacta desde aquellos tiempos, tanto así que se ha incorporado a la industria cosmética profesional y artesanal como ingrediente de cremas, jabones, geles, champús, perfumes, aceites para masajes y lociones que aprovechan su sutil aroma, muchas veces mezclándolo con otras notas, como lima y cedrón.

La verbena en la piel

Según la doctora Soledad Aspillaga, dermatóloga de la Clínica Alemana, no hay cremas de laboratorios dermatológicos que contengan verbena, pero sí se puede encontrar en cosméticos. Por su efecto calmante, se recomienda su uso cuando hay problemas en la piel, como molestias generadas por una alergia o cuando se hacen cambios de champú y se tiene el cuero cabelludo sensible, según explica María Elena Hernández, creadora de la tienda de cosméticos naturales y artesanales Reina Abilene.

El uso externo de la verbena se basa en que sus hojas y flores tienen propiedades paliativas, cicatrizantes y, en alguna medida, también antibacterianas.

Soledad Aspillaga indica que teóricamente a la verbena se le atribuyen facultades, principalmente, por su contenido de ácido cafeico y ursólico, taninos y mucílagos. “Resultaría  eficaz para tratar heridas y otras anomalías externas de la piel, como quemaduras físicas y solares, eczemas y moretones”, señala.

Para esto se emplea el agua de su infusión o las hojas machacadas (cataplasma). La dermatóloga  de Clínica Santa María Tirsa Saavedra comenta que la verbena también se usa en ungüentos y se le ha utilizado, además de los problemas mencionados anteriormente, para heridas, halitosis e infecciones o inflamaciones de encías. Por vía tópica, Alexandra Zúñiga, doctora químico-farmacéutica de Nat-Pharma, agrega que la planta serviría, incluso, para casos de estomatitis, faringitis, dermatitis y prurito.

Medicina universal

El té de verbena se prepara, aproximadamente, con esta proporción: una cucharada de café de hierba seca o fresca por taza de agua hirviendo; entonces, se deja en reposo tres o cinco minutos. La bebida resultante, de sabor ligeramente amargo y que puede endulzarse con miel, es una fórmula con infinidad de propiedades para la salud, que concentra los principios activos de la planta: verbenalina, verbenalol, hastatósido, dihidroverbenalina, luteolina, escutelarina, artemisina, taninos, sorbifolina, pedalitina, eupafolina, verbascósido, eucovósido, martinósido.

Todos estos nombres se traducen en una serie de beneficios, partiendo por una ligera depresión del sistema nervioso central, lo que tradicionalmente hace de la verbena un remedio para estados de nerviosismo, ansiedad y el agotamiento físico o psíquico.

Además tiene un efecto calmante sobre la mucosa respiratoria y la costumbre es emplearla como medicina natural para ayudar en el alivio de la tos, el asma, la bronquitis, el resfriado común y la inflamación de garganta, esto último, cuando se hacen gárgaras.

Sus propiedades no acaban ahí: a la verbena se le atribuye utilidad ante irregularidades de la digestión, alivio de cólicos estomacales e infecciones leves; también cuando hay cuadros de gastritis, sinusitis, calambres, conjuntivitis o fiebre.

La doctora Tirsa Saavedra asegura que a la planta se le relaciona con facultades antiinflamatorias, analgésicas, antiespasmódicas y diuréticas. Como incluye taninos, que son astringentes, la verbena -explica la especialista- podría frenar las diarreas y tiene un efecto hemostático local. Sus infusiones también se han usado para el tratamiento del insomnio, cefaleas, reumatismo y neuralgias.

No durante el embarazo

Entre las advertencias respecto a la verbena, vale saber que no debiera tomarse en dosis elevadas y que potencia el efecto sedante producido por otras sustancias, como barbitúricos, benzodiacepinas, antihistamínicos y alcohol, explica Alexandra Zúñiga.

Asimismo, esta hierba no debe usarse durante la lactancia ni en la gestación porque no existen datos concretos para avalar su empleo seguro, y en caso de embarazo, se le atribuye un leve efecto abortivo.

“En fitoterapia, la verbena se usa para limpiar el útero y por eso no se recomienda en mujeres embarazadas, aunque en culturas orientales se emplea para ayudar en el trabajo de parto”, cuenta María Elena Hernández, quien trabaja con el aceite esencial de la planta y recuerda su uso para masajes en el vientre cuando hay problemas menstruales. Al igual que la infusión de la hierba, se trata de un remedio natural y casero ante problemas con la menstruación, desde irregularidades hasta dolores intensos.

Una última precaución la entrega la doctora Soledad Aspillaga, quien indica que el uso externo de productos con esencia de la planta debiera ser en días alternos para evitar dermatitis de contacto.

La verbena de olor


Pariente cercana de la Verbena officinalis y muchas veces confundida con ésta, se trata de un arbusto de hoja caduca, tallos leñosos y hojas verde claro. Originaria de América del Sur, a la verbena de olor también se la conoce como cedrón, verbena olorosa, lemon verbena, verbena de Indias y hierba luisa. Su té  tiene propiedades sedantes y calma la congestión bronquial y nasal. Puede ser tomado caliente o frío, combinado con hielo y menta. La infusión de sus hojas y tallos se usa también para el tratamiento de afecciones gastrointestinales. Además se emplea como calmante del sistema nervioso y en los resfriados.

En cosmética, el aceite de verbena olorosa se usa para la fabricación de perfumes y jabones. Y en la cocina, sus hojas frescas pueden sustituir la cáscara y sabor del limón. Como aconseja la experta en uso de hierbas culinarias y profesora en la Escuela de los Sentidos, Ximena Sepúlveda, la verbena de olor también es útil condimentando ensaladas de frutas, infusiones refrescantes o el mate.

Para reconocer y cultivar la verbena


La  Verbena officinalis L., su nombre científico, forma parte de una numerosa familia de plantas llamada Verbenaceae. Se desarrolla hasta una altura media con tallo recto, rígido y cuadrangular, ramas en la parte superior y hojas de color verde apagado y grisáceo. Sus  pequeñas flores lilas se desarrollan en espigas desde el verano al otoño. No tienen aroma, pero en las hojas sí se encuentra olor, de tipo floral cítrico. Las semillas de la planta suelen esparcirse solas y es así como casi siempre se le puede ver crecer de forma silvestre a pleno sol. Resiste bien las condiciones frías y heladas ocasionales, pero no la nieve. Es abundante en toda Europa, Asia y África. En Chile la podemos hallar en el valle central, casi siempre a orilla de caminos.

Sus semillas se siembran a principios de primavera. También se puede reproducir por medio de esquejes (división de las raíces). Es necesario cortar una rama de unos 15 a 20 cm y plantarla en un macetero o en el suelo definitivo durante las primeras semanas del otoño.  La cosecha de sus hojas se hace tomando los brotes antes de que las flores estén completamente abiertas, en el verano u otoño. Luego se secan cuidadosamente y se almacenan.

Fuente: Revista Mujer

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