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Las mamas en nuestra cultura son uno de los principales íconos de feminidad y sensualidad. Por ello, algunas mujeres relacionan las mamas pequeñas con una autoestima más baja, ¿qué tan cierto resulta este vínculo?
En opinión de la Dra. Montserrat Fontbona, Cirujano Plástico del Hospital Militar, las mamas son uno de los atributos físicos que más se correlaciona con el concepto de feminidad, y la autoestima es algo que tiene relación con la manera en que percibe y acepta su cuerpo cada mujer.
“Una mujer que está contenta con el tamaño y forma de sus mamas se viste acorde a esto, y proyecta esa satisfacción con respecto a su cuerpo. Cuando uno opera a una paciente y le coloca prótesis mamarias, se produce un importante cambio positivo en la autoestima de la paciente, que se proyecta tanto en su actitud, forma de vestir, y en cómo se siente consigo misma”.
Cuando los implantes son una alternativa…
Cuando una mujer está segura que el tamaño de su busto influye en su autoestima y esto es una constante a lo largo de los años, muchas veces piensa en los implantes mamarios como una alternativa, pero esto no es una decisión sencilla y se deben tener en cuenta algunos detalles.
Es muy importante tener cuidado con el minuto en que se decide optar por una intervención quirúrgica.
“Si una adolescente sufre de problemas de autoestima por sus mamas, lo ideal es esperar a que complete su desarrollo mamario para poder determinar cuál es el tamaño definitivo que tendrán, lo cual ocurre habitualmente 3 o 4 años después de la primera menstruación, por ende, idealmente es a partir de los 17 u 18 años que se puede comenzar a operar”, aconseja la Cirujano Plástico del Hospital Militar.
La experta agrega que es necesario evaluar en conjunto con los padres y la paciente la motivación y decisión del aumento mamario, así como también el grado de madurez sicológico de la adolescente.
Para todos los casos, en la decisión de someterse a una cirugía de aumento mamario “es muy relevante que la paciente se informe con su médico y verifique si la prótesis que usará está certificada antes de entrar a pabellón”. Este simple acto puede contribuir a evitar complicaciones severas a futuro, al llevar en el cuerpo implantes de mala calidad que causen daños a la salud.
Las dos certificaciones más importantes son CE (de la Unión Europea) y FDA (de Estados Unidos). “Por ejemplo, los implantes mamarios Allergan cuentan con aprobación de reconocidas y serias entidades regulatorias del mundo, como la FDA (Estados Unidos), EMEA (Europa) y ANVISA (Brasil), que permiten entregar seguridad, tanto para el médico como para las pacientes”, afirma la especialista.
Derribando mitos
Más allá de lo estético, existen un par de mitos en relación al tamaño de las mamas. Al respecto la Dra. Fontbona comenta que es erróneo pensar que aquellas mujeres con mamas pequeñas, tendrán mayor dificultad para amamantar a sus hijos, por ejemplo. “No hay relación entre el tamaño de las mamas y la posibilidad de amamantar. Una paciente de mamas pequeñas puede tener la misma posibilidad o dificultad para amamantar que una de mamas grandes”, Aclara.
Otro gran mito que derriba la especialista en relación al tamaño de las mamas, es sobre el riesgo de cáncer: “No hay relación entre el tamaño de las mamas y el riesgo de cáncer mamario. Independiente de su tamaño, existen mamas que pueden verse más densas al examen con mamografía, lo cual puede dificultar la visualización de alguna lesión, razón por la cual, en esos casos puede ser necesario realizar mamografías adicionales y/o complementar el estudio con ecografía mamaria para excluir otras lesiones”.
Fuente: Biut.cl
23 mayo, 2012
Sin duda es un boom en Chile… y tú, ¿has caído en las manos del bótox?, ¿y de la cirugía? Cuéntanos tu experiencia! Un beso, Tati.
Partió como el primer tratamiento rápido e inocuo contra las arrugas en las mayores de cuarenta. Pero también sirvió para dar rienda suelta a la obsesión por la juventud: hoy, las mujeres menores de 35 años son un grupo importante de usuarias. Y lo usan para prevenir.
Hace una década se encendió la mecha. En abril de 2002, la FDA de Estados Unidos aprobó el uso cosmético del Botox, del laboratorio Allergan, que ya llevaba más de 10 años en el mercado tratando desórdenes musculares ópticos. La revolución había empezado. En muy poco tiempo, y en gran medida gracias a las características de este tratamiento, millones de mujeres de todo el mundo pudieron por fin materializar su obsesión por la belleza y la juventud, que hoy alcanza su punto más alto.
Porque si bien desde finales de los 70 la cirugía estética era una opción para quienes querían verse más jóvenes, el procedimiento entrañaba riesgos, un lento proceso de recuperación y, por sobre todo, era muy caro. El Botox o toxina botulínica (por su nombre genérico), en cambio, prometía inmediatez y un procedimiento tan inocuo como efectivo: en quince minutos y unos cuantos pinchazos en la frente y alrededor de los ojos, una mujer podía llegar a verse 10 años más joven en sólo una semana.
Pero a una década de su estreno en sociedad, muchas cosas han cambiado. El Botox dio rienda suelta a la obsesión moderna por la juventud a tal punto, que ya no son sólo las mujeres de más de cuarenta o cincuenta las que recurren a este procedimiento: hoy, las de menos de 30 también se han convertido en fieles asiduas a esta terapia. Así lo reveló la última encuesta de la Asociación Americana de Cirugía Plástica, cuyos resultados son muy parecidos a los de Chile según diversos especialistas consultados (porque no hay cifras oficiales). La investigación registra que en 2011, el 20% de los procedimientos fue realizado a personas menores de 34 años.
Luz María, a sus 27, este año sumó su segunda intervención con Botox. Le gustó cuando lo vio en una amiga, así que en cuanto comenzaron a asomar las primeras arrugas en sus ojos, no lo pensó dos veces. “Es mejor prevenir”, dice. En su entorno, asegura, sólo su mamá se enteró. Ni su pololo de hace dos años lo supo. “¿Te cambiaste el peinado?”, fue lo único que le comentó. “Es mejor no decirle a nadie”, reflexiona Luz María, pero ella sí siente la diferencia: “es como la sensación de estar más flaca luego de haber hecho dieta por un año. Me aumentó la autoestima, pero ahora ya no me puedo ver con arrugas, así que me lo voy hacer siempre”.
Es precisamente esta fijación con un rostro joven la que ha llevado el tratamiento al extremo: hoy no sólo se utiliza el Botox para reducir o acabar con las arrugas, sino que los médicos también lo recomiendan como un mecanismo de prevención. El principio es el siguiente: si se inmoviliza el músculo antes de que la arruga que se forma con el movimiento se fije en el rostro, se retrasará su aparición. Sin embargo, esto no es eterno. Daniel Jacubovsky, cirujano plástico de la Clínica Las Condes, señala que si bien a esta edad se puede usar el Botox para suavizar el trabajo muscular, no debería ser la norma: “Existen personas que si lo usan por mucho tiempo, presentan resistencias y con el tiempo requieren de dosis mucho más altas”. Y se convierten, a la larga, en esos rostros saturados de toxina que no pasan por naturales y donde cualquiera puede advertir los rastros inexpresivos del tratamiento.
Porque, si bien hoy el uso de la toxina botulínica puede ayudar a muchas personas a sentirse mejor consigo mismas, también puede esconder una preocupación desmedida por la apariencia, de la que es sólo un primer paso. Alitza (32) se aplica la toxina desde hace dos años y hoy pretende hacerse una liposucción, sin descartar la idea de más cirugías en el futuro, “en la medida en que las vaya necesitando”.
La fórmula del Botox es simple: actúa bloqueando la producción de acetilcolina, la sustancia química transmisora de los impulsos eléctricos nerviosos y que permite la contracción de los músculos. Tan simple, que según la doctora Vierocka Tomulic, dermatóloga de la Clínica Dermovein, cada vez es más frecuente ver en la consulta a madrinas, novias y mujeres que recién están empezando a salir con alguien y que sencillamente quieren verse bien. O sea, lejos de la invasividad de un procedimiento médico, la aplicación de Botox se ha convertido en un trámite equivalente a comprarse un vestido para una ocasión especial.
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22 mayo, 2012
Pasos y recomendaciones para aplicar la tintura sin necesidad de poner un pie en la peluquería.
Las tinturas
Hay permanentes, semi permanentes y no permanentes. Las primeras son las únicas capaces de cambiar el color del pelo en más de un tono, para lo cual están formuladas con químicos como el amoníaco que daña el pelo. Las semi y no permanentes son menos agresivas, pero su efecto no es tan duradero. En el caso de las primeras canas, los especialistas recomiendan usar estas últimas. El henna es una opción menos nociva, aunque igual contiene químicos y metales que dañan, a la larga, la fibra capilar.
La prueba del mechón
Antes de hacer un cambio de color en todo el pelo, el estilista Benoit Poirier d’Ambreville, dueño del salón que lleva su nombre (www.benoitdambreville.com), sugiere probar la tintura en un mechón para constatar cómo queda:
1. ”Seleccionar un mechón de 3 cm por encima de la oreja, para poder ver el color en contraste con la piel, y que esté por debajo de la capa superior del pelo, para poder taparlo en caso de que no guste”.
2. ”Aplicar la tintura siguiendo las instrucciones del envase y dejar actuar por la mitad de tiempo de exposición”.
3. ”Limpiar el color con un paño húmedo y secar”.
4. ”Mirar el resultado con luz natural y en contraste con una toalla blanca para evitar sombras”.
strong> Tres pasos básicos:
1. SECCIONAR EL PELO: Con una peineta, separar el pelo en secciones. Hacer la partidura al medio, desde la frente hasta la nuca; y luego trazar otra partidura como una cruz, de una oreja a la otra. De esta manera el pelo queda divido en cuatro secciones y se pueden trabajar mejor las raíces.
2. APLICAR LA TINTURA: Después de preparar la mezcla, aplicar con un peine especial para tintura y repartir siempre desde la raíz hacia las puntas. Pasar el producto por el borde de todo el cuero cabelludo, de oreja a oreja.
3. MASAJEAR: Una vez repartida la tintura, y con los guantes puestos, hacer un masaje por toda la cabeza con movimientos circulares y dejar actuar por el tiempo indicado en el envase.
4- ENJUAGAR: Hacerlo muy prolijamente y siempre con agua fría, pues ayuda a fijar mejor el producto.
Consejos:
TEÑIRSE CON EL PELO SUCIO, ya que los aceites naturales del cuero cabelludo protegen de los químicos.
ANTES DE TEÑIR, aplicar un poco de crema o vaselina en el contorno de la cara,para facilitar la remoción del producto de la piel.
JAMÁS USAR UTENSILIOS METÁLICOS para mezclar y aplicar la tintura, pues oxidan el producto y alteran su color.
Fuente: Paula.cl
16 mayo, 2012
En la década de los 20 el economista estadounidense George Taylor propuso la curiosa Teoría del Dobladillo; postulaba que la prosperidad o la crisis financiera influían directamente en el largo de las faldas y vestidos. La cosa era bien simple: a mejor economía, más pierna exhibida, mientras que en tiempo de crisis los largos se acentúan. ¿La razón? El optimismo que producen los tiempos de bonanza y que impulsarían a la mujer a mostrar más, a sentirse más libre o, por el contrario, a cubrirse cuando las cosas no andan bien y porque además no tiene dinero para renovar sus medias de seda.
La profesora de diseño de vestuario del DuocUC Alejandra Gardiazabal tiene una opinión totalmente diferente. “En plena crisis, las polleras se acortan. Por ejemplo, en la I y II guerras mundiales las mujeres tuvieron que partir a las fábricas y a los hospitales a trabajar, y las faldas se acortaron por economía y comodidad. Pero luego de que las crisis pasan, las faldas tienden a alargarse un poco, a volver a como estaban, al ‘statu quo’, pero no por completo. La sociedad vuelve a estar en un precario equilibrio, y las mujeres retroceden un poco en su conquista de modernidad”, explica. Tesis que apoya la historiadora especialista en moda Pía Montalva: “Que las polleras se alarguen durante las crisis es algo que no me convence, básicamente porque la historia ha demostrado que durante los grandes conflictos prima la practicidad a la hora de vestirse, sobre todo con el creciente protagonismo y rol activo que va a adquiriendo la mujer”.
Si crisis y variación de largos coinciden o no sigue en debate, lo que sí es consenso es que en el siglo XX la moda femenina experimenta transformaciones sustanciales con las que la mujer se va despojando de restricciones. Poco a poco comienzan a disfrutar de la libertad y flexibilidad en el vestir, reflejo de la emancipación femenina que se cuela en todo ámbito. A esto se suma la democratización de la moda del siglo XXI, en que lo que en un principio había sido un lujo asequible solo para una minoría, se convierte en un sistema cada vez más plural, cambiante e inclusivo.
1900
La Belle Époque que impera en el cambio de siglo se caracteriza por una vida que, al menos en apariencia, ostenta lujo a destajo. Los vestidos son recargados; con ajustados corsés que dan forma a cinturas de avispas -¡en promedio de 41 cm!- y bustos pronunciados, llamados ‘pecho de pichón’. Los faldones son amplios, con muchas capas de telas que se superponen sobre la crinolina, a esta altura media crinolina, una estructura de metal que da volumen a la parte trasera del vestido. Sentarse con este glamoroso, pero poco práctico adminículo es toda una osadía y requiere de una cuidada técnica que las mujeres de la época dominan a la perfección. La silueta: una S perfecta. Las piernas de las mujeres no existen, al menos no en espacios públicos, e incluso dejar ver la enagua es considerado erótico y escandalosamente provocador.
1908
A partir del siglo XX el vestuario femenino da un giro. “Es el siglo en el que las mujeres van a mostrar las piernas. La oscilación de los ruedos largos y más cortos se hace más evidente porque se empiezan a simplificar las formas generales de vida, se busca comodidad y practicidad”, explica Montalva. Durante la primera década del 1900 el modisto francés Paul Poiret finalmente libera a la mujer de los ceñidos corsés en los que debía enfundarse, reduce el número de capas interiores de sus faldones e introduce la falda tubo hasta la altura de los tobillos, inspirada en el quimono japonés, la túnica griega y el caftán. “Con su diseño, por primera vez las mujeres dejan al descubierto parte de los tobillos”, agrega Gardiazabal. Aunque no del todo, porque el uso de medias será un requisito indiscutido por lo menos hasta la década de los 60.
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15 mayo, 2012
Estaba advertida de que las faldas largas serían tendencia. Sin embargo, siempre me preocupo de la moda a último momento y ahora no dejo de preguntarme cómo lucir faldas largas.
Parece sencillo, lo sé. Pero en la realidad no lo es tanto. Es necesario considerar la proporción del cuerpo en donde van a lucirse las faldas para saber exactamente qué zona destacar y qué no.
La solución es seguir unos consejos de moda que hoy nuestras amigas de iMujer nos darán ideas sobre cómo lucir las faldas largas más elegantes de todas. ¿Te atreves?
Chaquetas de vestir y cinto

¿Qué me dices de esta propuesta? A mi me ha fascinado. Se trata de un look realmente interesante para estar elegante durante el día, pero no demasiado. La combianción parte de una falda larga roja, una chaqueta azul y un cinto blanco muy interesante.
No olvidemos los complementos, claro. ¡Son muy importantes! Podrías terminar con un bolso tote y un collar haciendo juego con la falda. El resultado final sería estupendo como el de la chica de la foto.

Faldas color neón y camiseta
Si lo que buscas es un look algo más causal e informal, ¡pues aquí lo tienes! Sin duda no hay nada más cómodo y simple que este fantástico outfit veraniego. Lo encuentro perfecto para lucirlo en cualquier figura y estilo.
¡Ah! Y no olvidemos de notar lo fantástico que queda el fucsia en las cabelleras pelirrojas, ¿no?
Chaqueta de cuero negra

La chaqueta de cuero negra es la mejor salvación. Siempre es propicia cuando no se sabe exactamente con qué prenda salir a la calle o con qué combinar, por ejemplo, una falda larga como esta. Mientras tanto, un original sombrero como el de la imagen y un amplio bolso son los accesorios perfectos para complementar un look de calle como este. ¿Qué me dices?
Botas y pañuelos

¡En invierno también podemos usar faldas largas! El problema es con qué combinarlas. De todas formas, si buscamos un poco, de seguro podemos encontrar muchas prendas útiles
La idea es que utilices faldas con estampados invernales, quizás también una chaqueta de cuero y algún pañuelo con un bonito diseño. Eso sí, por debajo de la falda, te recomiendo usar unas pantimedias de lana para abrigar de los fríos vientos de temporada.
Por lo demás… ¡Nada impide lucir una elegante falda larga en invierno!
¿Qué opinas de estos looks con faldas largas?
Fuente: iMujer.com
4 mayo, 2012
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