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Casi uno de cada diez padres sufre estrés tras el nacimiento de su hijo, según un estudio australiano en el que se señala que los varones se sienten agobiados por las preocupaciones y a menudo no ven la salida del túnel, síntomas similares a la depresión postparto de las mujeres.
“Nos sorprendió que los problemas en los padres estuviesen tan extendidos como en las mujeres”, explicó hoy la directora de investigación del Instituto “Parenting Research Center”, Jan Nicholson, de cuyo estudio se desprende que el 9,7 por ciento de los padres afirma haber tenido más síntomas de estrés durante los 12 primeros meses de vida de su hijo, mientras que en las mujeres fue el 9,4 por ciento.
“Los problemas psíquicos pueden ser persistentes e implacables”, se agrega en el estudio, que ha sido publicado en la revista especializada “Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology”.
Los investigadores consultaron a 5.000 madres jóvenes y 3.471 padres primerizos. Según Nicholson, los padres dijeron padecer miedo, preocupación, así como la sensación de no poder con todo y no ver una mejoría en el futuro.
“Entre los padres jóvenes, el índice de los que padecían esos problemas fue un 40 por ciento superior al de los hombres en general”, dijo Nicholson.
El estudio concuerda con otros similares que se han realizado como el publicado en 2006 por la Universidad Hebrea de Jerusalem y que señalaba que el 17% de los varones pueden sufrirla.
Fuente: Emol.com
30 abril, 2012

Los bebés concebidos a través de ciertas técnicas de fertilidad tienen casi un tercio más de posibilidades de contraer algún defecto congénito que los niños engendrados sin la ayuda de la tecnología, según una revisión de varias docenas de estudios.
Sin embargo, los investigadores -cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista Fertility and Sterility- no determinaron qué tratamientos de fertilidad estaban ligados a las tasas más altas de defectos congénitos o incluso si la tecnología es la responsable.
La fertilización in vitro (IVF por sus siglas en inglés) – en la que el óvulo de la madre es fecundado fuera del cuerpo e implantado después en el útero- ha estado disponible para las mujeres que quieren ser madre desde hace más de tres décadas, y numerosos estudios han analizado los riesgos potenciales de estas técnicas.
Zhibin Hu de la Universidad Médica de Nanjin y sus colegas recogieron los resultados de 46 estudios que comparaban el número de defectos congénitos entre los niños concebidos usados una técnica in vitro y los engendrados normalmente.
Para más de 124.000 bebés nacidos gracias a IVF o usando el procedimiento ICSI – en el que un único espermatozoide es inyectado directamente en el óvulo- el riesgo de presentar defectos congénitos fue un 37 por ciento más alto que en los otros niños, encontraron.
“Los niños concebidos por IVF y/o ICSI presentan un riesgo significativamente más alto de nacer con defectos congénitos, y no hay diferencias en los riesgos de los engendrados con IVF y/o ICSI”, escribió el equipo.
Según los centros para el Control y Prevención de Enfermedades estadounidenses, los defectos de nacimiento más graves, como malformación de una extremidad o un órgano, afectan a casi tres de cada diez niños que nacen en Estados Unidos.
El aumento al 37 por ciento podría incrementar esa tasa hasta cuatro de cada diez bebés. “(El informe) confirma lo que mucha gente ya aceptaba, que sí que hay más riesgos de presentar defectos congénitos asociados con las técnicas de reproducción asistida”, dijo William Buckett, profesor de la universidad McGill, que no participó en la revisión.
La cuestión de por qué la mayoría de los estudios encuentran que los defectos de nacimiento son más comunes entre los niños concebidos con IVF, continúa sin respuesta. Es posible que las mismas razones por las que las gente tiene problemas para concebir y busca tratamientos de fertilización podrían influir en el mayor riesgo de tener un hijo con un defecto de nacimiento.
También es posible que las técnicas de reproducción en vitro por sí mismas, la manipulación de los embriones o los medicamentos que van asociados con el tratamiento, podrían estar relacionados. Una tercera teoría es que la aparición de estos problemas solo parece ser más común entre los niños concebidos con técnicas de fertilidad porque están más controlados que los otros bebés, dijo Buckett.
Fuente: Emol.com
26 abril, 2012
La depresión es considerada como un trastorno del estado de ánimo, con sentimientos severos y prolongados de tristeza sin causa aparente. No se trata de un momento de bajón, sino de una actitud permanente que impide a la persona relacionarse en forma adecuada con el mundo que la rodea. Causas hay muchas y la herencia genética es un factor importante dentro de ellas.
Ahora, un estudio de la U. de Northwestern, en Estados Unidos, encontró que 11 genes pueden hacer la diferencia entre un adolescente con depresión y uno sano. Y que un simple test de sangre puede detectarlos y hacer, por primera vez, un diagnóstico fiable y objetivo de esta enfermedad.
Once marcadores
Para lograr diagnosticar depresión con un examen de sangre, los expertos -dirigidos por la siquiatra e investigadora Eva Redei- analizaron muestras sanguíneas de 14 jóvenes con depresión mayor y 14 jóvenes sanos.
En estas muestras, los científicos buscaron la presencia de 26 genes que otros estudios habían vinculado a depresión en animales. Como estos genes están presentes en todas las personas, los expertos rastrearon los casos en que éstos estaban sobreexpresados en el organismo. Entonces descubrieron que sólo los jóvenes que tenían depresión mayor lucían la sobreexpresión de 11 de los 26 genes. No es todo. Los científicos también encontraron que 18 de los 26 marcadores servían para diferenciar entre depresión mayor y una depresión con ansiedad, dos diagnósticos que muchas veces se mezclan y dificultan el tratamiento. “Todas las personas tienen estos genes, pero nosotros revisamos cuánto más sobreexpresados estaban en la sangre”, señaló la líder del estudio.
Diagnóstico certero
De acuerdo con la investigación, publicada en la revista especializada Translational Psychiatry, gracias a este trabajo será posible diagnosticar la depresión de los adolescentes en forma objetiva y sin miedo a equivocaciones. “Los actuales métodos de diagnóstico de depresión están basados en lo que exprese el paciente a su médico, siquiatra o sicólogo. Pero nosotros sabemos que para los adolescentes es difícil comunicarse con los adultos y expresar sus sentimientos, por lo que se puede complicar un diagnóstico acertado”, dijo Redei a La Tercera.
Se cree que entre el 2% y 4% de los preadolescentes y entre el 10 % y 20% de los jóvenes que están terminando la etapa adolescente sufren trastornos depresivos. Si en esta etapa se presenta una depresión mayor, el pronóstico es peor que si apareciera por primera vez de adulto y por lo mismo, un diagnóstico acertado y trata- miento adecuado son fundamentales.
Los adolescentes que no se tratan tienen más riesgo de consumir drogas, problemas de adaptación e incluso de suicidio. “Queremos llegar al punto en que esta prueba sea utilizada como cualquier otro test de laboratorio”, dijo la especialista.
Redei dijo que “todavía no sabemos si hay una variación de estos genes que predispongan a tener depresión. Eso es motivo de otro estudio. Para eso se requiere un gran estudio poblacional, que permita poner a prueba a todo el mundo para hacer el test y luego de un tiempo, volver a entrevistarlos para saber si se deprimieron o no”, dijo.
Fuente: La Tercera
19 abril, 2012
Aproximadamente la mitad de los chicos en edad preescolar no pasa tiempo jugando al aire libre con alguno de sus padres durante el día, pese a que ese tipo de juego tiene muchos beneficios para los más pequeños, entre ellos combatir la obesidad infantil, revela un sondeo realizado en Estados Unidos.
En entrevistas con los padres de casi 9.000 chicos, menos de la mitad de las mamás y sólo un cuarto de los papás informó llevar a su hijo a caminar o jugar con ellos en el patio o en el parque al menos una vez al día.
“Especialmente para los padres que trabajan fuera del hogar (…) no es tan fácil disponer de tiempo para jugar al aire libre con sus hijos cada día”, dijo Pooja Tandon, pediatra de la University of Washington en Seattle, quien trabajó en el nuevo estudio.
Las guías de la Asociación Nacional para el Deporte y la Educación Física sugieren que los niños tengan al menos una hora de actividad física por día para obtener beneficios para la salud a largo plazo, como ayudar a evitar la obesidad infantil.
Los preescolares deberían además contar con algunas horas de tiempo de juego desestructurado por día. Pero mientras que algunos padres supondrían que sus hijos están teniendo el tiempo de juego al aire libre en el jardín maternal o de infantes, eso no siempre sería así, dijo Tandon.
La experta y sus colegas usaron datos de un estudio representativo a nivel nacional sobre niños estadounidenses nacidos en el 2001. Junto con otra información recolectada cuando los chicos eran bebés, los investigadores, cuyos resultados fueron publicados en Archives of Pediatric & Adolescent Medicine, le preguntaron a los padres de los pequeños en edad preescolar cuán seguido habían llevado a sus hijos a jugar al aire libre el último mes.
El 44 por ciento de las madres y el 24 por ciento de los padres dijo que tenía tiempo de juego al aire libre con sus hijos todos los días. Según las entrevistas, la mitad de los chicos jugaban al aire libre al menos una vez al día con uno de sus padres.
La seguridad del vecindario no pareció ser un impedimento importante para salir: más de nueve de cada 10 padres dijeron que sentían que su barrio era seguro.
Las niñas y los chicos no blancos eran menos propensos a salir con uno de sus padres a jugar, al igual que los niños cuyas madres pasaban más tiempo trabajando fuera del hogar.
Tandon y sus colegas hallaron que los niños con algunos compañeros de juego regulares eran más propensos a pasar tiempo al aire libre, quizá porque los padres se turnaban para llevar a algunos chicos al parque juntos, una buena estrategia para los papás con poco tiempo.
Tami Benham Deal, que estudia la actividad física infantil en la University of Wyoming en Laramie, dijo que también es importante evaluar qué tipo de ejercicio hacen los chicos cuando salen. “Podrían estar sentados en un arenero, pasar 20 a 30 minutos construyendo túneles y castillos de arena, y la actividad podría ser muy baja en intensidad”, dijo a Reuters Health Benham Deal, que no participó de la nueva investigación.
“Padres que alienten a sus hijos a ser físicamente activos y padres que reconozcan la importancia y el valor del ejercicio son factores clave que influyen en la actividad física de los hijos”, agregó. “Y eso es cierto a cualquier edad”, finalizó.
Fuente: Emol.com
5 abril, 2012
A comienzos de marzo, el Consejo Superior de la Salud de Bélgica recomendó evitar la práctica de la natación en niños menores de 12 meses. La razón: dada su inmadurez pulmonar, son más vulnerables a los microorganismos que pueden encontrarse en las piscinas temperadas.
Al otro lado del mundo, en Chile, la percepción de los especialistas no es tan diferente. Según explica Jaime Cisneros, pediatra de Clínica Avansalud, hace algunos años la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe) viene desaconsejando que los menores de un año entren en piscinas. “La razón es muy simple: la posibilidad de hacer enfermedades infecciosas respiratorias es mayor en el menor de un año, porque el sistema respiratorio todavía no está lo suficientemente maduro para defenderse”, sostiene el médico.
A esto hay que agregar que en nuestro país no existe control de las piscinas en cuanto a la cantidad de gérmenes que puedan tener. “En los países desarrollados el control no es muy estricto, pero en Chile es cero. Por eso es que la Sochipe desaconseja la natación antes del año”, dice Cisneros.
También hay que considerar el tema de las alergias, las que -explica el pediatra- tienen relación con la exposición al cloro. “El cloro es un irritante de la mucosa nasal y favorece que si el niño es alérgico, se pueda contagiar más fácil con algún germen”, señala.
Asimismo, el elemento podría afectar la piel del menor de un año, haciéndolo susceptible al contagio de hongos o simplemente provocándole una dermatitis alérgica.
Jaime Cisneros reconoce que lo que estipula la Sochipe es sólo una recomendación y que como médico es imposible prohibirles a los padres que metan a sus bebés a una piscina. Sin embargo, les aconseja que si desean hacerlo, usen las que son desmontables, las llenen de agua sin cloro y luego las vacíen. De esta manera, el niño podrá disfrutar de la natación sin correr riesgos.
Desarrollo psicomotor, ¿es mayor con la natación?
En su resolución, el Consejo Superior de la Salud de Bélgica también argumentó que, considerando que los niños no adquieren plenamente sus capacidades de coordinación hasta los tres o cuatro años, “los beneficios físicos y psicológicos (de la natación), como la relación con sus padres, también se pueden obtener mediante otras actividades”.
El pediatra de Avansalud coincide con esta apreciación y afirma que “la ventaja de que el niño esté en una piscina antes del año en cuanto al desarrollo psicomotor y a la coordinación del cuerpo, no es mayor que haciendo otros ejercicios”.
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2 abril, 2012
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