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Se fijó una cena con nuestro jefe y compañeros de oficina el próximo viernes. Seguro, como toda mujer, ya te estarás preguntando ¡¿qué me pongo?! Pero, tranquila, todavía no revuelvas tu guardarropa: primero lee estos consejos de moda que tenemos para ti.
En realidad no te vamos a dar ideas de cómo vestirte: te vamos a aclarar qué NO usar en una fiesta del trabajo. Tener en cuenta aquellas prendas prohibidas en una cena de la empresa te ayudará a definir tu elección y también a no cometer graves errores en tu look que pueden liquidar la imagen seria y profesional que quieres conservar en la oficina.
Es que una cosa es salir con amigas o con el novio, y otra muy diferente salir con nuestros colegas de la empresa. Por más que sea un evento por la noche, más relajado y divertido que la rutina de todos los días, hay una línea de buen gusto que no debes cruzar. Veamos cuáles son esas prendas que mejor dejar guardadas en el closet…
Super tacones
¿Te compraste unos fabulosos zapatos de tacón de 15 cm? Sé que mueres por usarlos, pero quizás la cena de la empresa no sea la mejor ocasión para lucir semejante ostentoso calzado. Recuerda que no vas a un desfile de moda; estarán tus jefes y tus compañeros de trabajo. Reserva tus mejores tacones para salidas con amigas o eventos de gala.
Escotes pronunciados
Si quieres mantener una imagen seria y responsable dentro de la empresa, y además evitar las miradas y comentarios de tooodos tus compañeros, no abuses de los escotes en el busto o en la espalda, ni lleves un impactante tajo que deje al descubierto una pierna. ¡Es demasiado sexy para la ocasión!
Con esto tampoco digo que debes ir vestida tapada hasta el cuello como una vieja aburrida: hay momentos para vestir sexy y este claramente no es uno de ellos. Intenta lograr un equilibrio entre ir bella, acorde a las circunstancias y conservando el buen gusto.
Vestido ajustado o muy corto
Bueno, como en el caso anterior, un vestido ajustado o muy corto tampoco es una prenda adecuada para una cena de la empresa. Además de que es demasiado sensual, con una prenda así no te puedes mover, ni sentar, ni levantar cómodamente; siempre estarás pendiente de si se te ve algo o no y, me imagino, no querrás que toda tu oficina conozca qué ropa interior llevas, ¿verdad?
Transparencias
¿Una blusa transparente para ir a una reunión donde estará tu jefe y compañeros de trabajo? ¿En qué estabas pensando? ¡Es demasiado! Este estilo es un NO grande como una casa para este tipo de eventos excepto que la transparencia sea mínima o esté en los brazos, por ejemplo.
Traje aburrido
Ok, ya vimos que las prendas sexies están prohibidas en un evento del trabajo, pero tampoco nos vayamos para el otro lado. ¿Ponerte el mismo blazer y los mismos pantalones que llevas todos los días a la oficina? ¡No seas aburrida! Aprovecha la ocasión para lucir diferente y más bella; ya que es de noche, aprovecha para maquillarte un poco y usar unos lindos accesorios.
Zapatillas
Aun si se trata de una salida informal, no caigas en la tentación de usar tus zapatillas de todos los días. Sí, sé que son lo más cómodo del mundo, pero ¡vamos! Hay que animarse a variar. Si los tacones no son lo tuyo, pues entonces recurre a unas bonitas sandalias o ballerinas.
Demasiado maquillaje
Un delineado de ojos, algo de sombra y máscara, un poco de labial y ¡listo! No tienes que maquillarte mucho más para una salida con tus compañeros de oficina ni, en realidad, para ninguna otra ocasión. Recuerda que el exceso de maquillaje es de mal gusto y nunca favorece, excepto, claro, que estés en una fiesta de disfraces.
Demasiada joyería
Al igual que con el maquillaje, cuando usamos joyas menos es más. El exceso de bijouterie y/o accesorios también resulta de mal gusto; limítate a lucir unas pocas piezas.
Cualquier prenda descuidada
Para dejar una buena impresión no sólo hay que elegir las prendas correctas sino también lucirlas bien. Créeme, una camisa sin planchar, una chaqueta descosida o un jean manchado dará una imagen desprolija y descuidada de ti.
Fuente: iMujer.com
26 abril, 2012
Está en el manual de la felicidad: ser uno mismo siempre ayuda a acceder a ella.
Pero un nuevo estudio, dado a conocer en la Conferencia Anual de la Sociedad Británica de Sicología, reconoció que si bien el ser auténtico se correlaciona fuertemente con la felicidad y la satisfacción con la vida, esta regla tiene un contexto en el que no se cumple: el trabajo.
El estudio, hecho por investigadores de las universidades de Greenwich (Inglaterra) y Houston (EE.UU.), se hizo sobre la base de una encuesta en línea a 553 voluntarios de ambos países respecto de qué tan auténticos eran en cuatro ámbitos: con la pareja, amigos, padres y compañeros de trabajo. En el sondeo se les preguntaron cosas como “qué es más importante: ¿Ser yo mismo o ser popular?” o completar frases como “revelaría mis pensamientos más profundos a…”.
El estudio comprobó que, en general, los voluntarios de ambos sexos y todas las edades medidas reportaron ser “uno mismo” mucho más con sus parejas, luego con los amigos, padres y, mucho más atrás, con los compañeros de trabajo, una conclusión esperable por los investigadores.
La sorpresa llegó en la segunda etapa del estudio, donde los expertos notaron que quienes reconocieron ser auténticos en el trabajo reportaron tres veces menos niveles de bienestar y satisfacción con la vida que quienes lo eran en términos generales.
Por el contrario, quienes se mostraron auténticos con la pareja revelaron ser mucho más felices que quienes eran tal cual en los otros tres ámbitos (amigos, padres y colegas).
Prudencia
Investigadores ya han sugerido que cierto grado de prudencia, y hasta una cuota de cinismo en el trabajo, puede generar algunos grados más de bienestar y satisfacción en la vida en general. “En algunas circunstancias, puede que una sonrisa amable, mucho tacto o guardar silencio sea más propicio para el bienestar que decir lo que realmente se piensa y siente sobre los compañeros de trabajo”, dijo en el Daily Mail Oliver Robinson, líder del estudio.
Amparo Carmona, de la consultora head hunter BC&B, concuerda con los resultados del estudio.“La mejor forma de relacionarse en el trabajo es ser prudente. Cuando se postula a un cargo en una empresa, se espera que exista una cierta relación entre el perfil de la persona y la cultura de la empresa; esto implica actuar de manera consecuente con esa cultura”, explica la experta.
Personalidad real
Birgit Nevermann, sicóloga y gerenta de Laborum Selección, relativiza las conclusiones del estudio, y aunque reconoce que en Chile las personas moderan sus conductas y cuentan hasta 10 en la oficina, es imposible que sostengan esa fachada por siempre, mostrando su verdadera personalidad en situaciones de presión. “Esta estrategia, además, les juega en contra porque, al no mostrarse como son en una entrevista de trabajo o al empezar un empleo, pueden caer en funciones que no se ajustan a su personalidad y al final no pasarlo bien”, dice Nevermann, quien detalla que lo normal es que alguien demore no más de dos semanas en mostrarse tal cual es en el trabajo.
Fuente: La Tercera
25 abril, 2012
Expertos aseguran que miramos al menos 150 veces al día nuestro teléfono móvil, y que es nuestra gran vía de comunicación, casi una extensión de nuestro cuerpo. Como consecuencia de esta realidad nos volvemos en algún punto más egoístas, y si se nos pierde aunque sea un momento, nos llenamos de ansiedad. Presta atención, porque este síndrome va en aumento debido a las amplias posibilidades que nos ofrece este aparatito.
¿Cuántas veces lo miras al día? ¿Qué pasa si se pierde? ¿Cómo te sientes? ¿Ansiedad, miedo, desconectada del mundo? ¿Te parece que pusiste “tu vida” ahí, llámese números varios, fotos, agenda, mensajes? ¿Pasas pegada a la pantalla en el Metro, manejando o incluso cuando caminas? Quizás eres una de las nuevas víctimas de la nomofobia, o el temor exagerado a separarse del celular. Un trastorno que viene de la mano de las nuevas tecnologías, aquellas que a veces juramos que nacieron con nosotras, pero basta recordar que hace 30 años sólo conocíamos el teléfono fijo y el público.
Ahora desechamos esto, y optamos por la telefonía móvil. La humanidad jamás ha estado tan conectada, y los hábitos de consumo así lo demuestran. Según el INE, hasta febrero del 2012, en Chile había 23.573 millones de celulares en el país –más de uno por habitante– y aumentan mes a mes. De hecho, en sólo 4 años el número se incrementó en 7 millones.
Un gran avance si aceptamos que las nuevas tecnologías mejoran nuestra vida cotidiana, al permanecer disponibles 24 horas en el área familiar, social y laboral, estemos donde estemos, y si la santa batería ayuda.
El Centro de Estudios Universitarios Ceu–Uniacc realizó un estudio muy completo hace un par de años, donde en definitiva confirman que el celular nos cambió la vida. Tanto, que el 93,4% pensaba que es importante o muy importante, en gran medida porque los hace más cercano a sus familiares y trabajo.
El nuevo mal: la nomofobia
Junto con los celulares, el número de llamadas creció considerablemente. El INE registró el 2008 se realizaron 16 millones de llamadas, y el 2011 más de 26 millones. Sí, hablamos más, y también las aplicaciones han aumentado, entonces es casi imposible no amarlo o resistirse a buscar todo, todo, allí, pero al parecer trae problemas. Según un estudio realizado en Inglaterra, el 53% siente un gran miedo cuando se le pierde o no funciona su celular, incluso se llenan de ansiedad, se frustran y hasta se comportan agresivos, lo que se denominó nomofobia. Y las mujeres somos las más propensas a sufrirlo, ya que 70 por ciento mostró síntomas a diferencia de los hombres -61 por ciento.
Un estudio de la Universidad de Maryland investigó las consecuencias, y llaman mucho la atención su relación con el egoísmo, tan propia de nuestra sociedad, además. Otros rasgos es que manifiestan una actitud antisocial. También confirmó que el celular evoca sentimientos de estar conectados, de pertenecer, el cerebro interpretaría que hubo participación con otro, entonces queda atrás una conducta empática con el “mundo real”.
Con respecto a esta adicción al teléfono, Raúl Carvajal, psicólogo de Clínica Santa María, explica que lo principal que debemos entender es que para considerar una conducta como adictiva debe establecerse una dependencia de tipo física o emocional, lo que lleva a las personas a orientar su actuar hacia el objeto o relación con la que se ha establecido la dependencia. Además, se observan pensamientos recurrentes sobre el objeto y gran dificultad para ejercer control sobre estas conductas.
“La posibilidad de que se establezca una fobia por prescindir del teléfono tendrá que ver más con el miedo a perder el control que el teléfono móvil nos parece entregar respecto a la hiperconectividad y la hipercomunicación. De algún modo tememos a la soledad, al aislamiento”, explica.
En otras adicciones se espera una satisfacción, como la comida, por ejemplo, pero ¿qué hace que una persona se haga adicta al teléfono? “La satisfacción tendrá que ver con el control, con sentir que no me estoy perdiendo nada, que tengo toda la información al alcance de los dedos. Esto produce una tranquilidad placentera”, dice.
Si ya de autodeclaraste como fóbica, el especialista recomienda asumir que tengo una dificultad para controlar el impulso y revisar cómo esto está afectando mi vida cotidiana. Luego establecer una nueva comprensión respecto al uso y utilidad del teléfono, siempre teniendo muy en cuenta que si no puedo solo, debo pedir ayuda.
Sobre las consecuencias, hay que tener cuidado. “Una de las conductas llamativas es la tendencia al aislamiento, actos compulsivos, como revisar mails, noticias, mensajes, alteraciones anímicas, entre otras. Estas conductas pueden esconder baja autoestima, ansiedad, dificultades en lo social, las que van a retroalimentarse en un círculo vicioso”, advierte.
Fuente: Publimetro.cl
12 abril, 2012
Sondeo de Laborum dice que 33% no dura más de dos años en trabajos y que un 86% pretende cambiarse.
Si pudieran cambiarse de trabajo hoy, un 86% dice que lo haría. Un 30% acumula seis trabajos desde que comenzó su vida laboral, un tercio no duró más de dos años en su último trabajo y dos de cada tres piensa dejar su actual empleo antes de 2014. Son los menores de 35 años, una generación marcada por la rotación laboral, según revela un estudio de la consultora Laborum.
Se trata de jóvenes que no persiguen estabilidad ni permanencia en sus empleos, sino ascensos rápidos. Para ello buscan trabajos donde puedan aprender lo necesario para saltar a otra empresa que les ofrezca mejores condiciones y mayores desafíos profesionales. “Ellos no se proyectan mucho tiempo en sus empleos y se dejan llevar por corazonadas: cuando no lo pasan bien en algún lugar, se van ya que tratan de hacer coincidir trabajo con placer”, dice María Angélica Zulic, sicóloga y gerenta general de Laborum, quien dice que aunque este grupo es desafiante con la jefatura e inestable en términos de despidos, aporta asertividad y dinamismo a sus lugares de trabajo.
Eso sucede especialmente en los profesionales jóvenes, pero según un informe del Banco Interamericano del Desarrollo (BID), que entrevistó a empresarios de Chile, Brasil y Argentina, el fenómeno también se da en los jóvenes que pasan directamente de la educación media al mundo del trabajo: un 80% se queja de su falta de habilidades sociales como responsabilidad, actitud y trabajo en equipo.
Nuevos horizontes
El estudio de Laborum -realizado en 850 personas- muestra que son principalmente los jóvenes los que no se proyectan en su actual empresa: un 64% de quienes tienen entre 18 y 25 años y un 62% de quienes tienen entre 26 y 35 años. La mayoría dice que se cambiaría de trabajo por mejores expectativas laborales y sueldos.
Sin embargo, los deseos no siempre van ligados con las capacidades, sobre todo las llamadas “habilidades blandas”, según reveló el estudio del BID, “Desconectados. Habilidades, educación y empleo en América Latina”, que preguntó en 1.176 empresas de Chile, Argentina y Brasil, cuáles eran las características que más requerían y más escaseaban en los trabajadores jóvenes. La respuesta fue unánime: buena actitud hacia el trabajo, responsabilidad, compromiso y honestidad y dedicación en la atención al cliente. La importancia otorgada a estas características fue dos veces más importante que la entregada a conocimientos formales de matemáticas o lenguaje, y cuatro veces por encima de capacidades técnicas específicas de los distintos rubros de las empresas. La razón: son las habilidades que escasean hoy y que más cuesta formar, dice.
Para el grupo de investigadores del BID, los resultados revelan que no sólo importa cuál es el nivel de conocimiento de un trabajador, sino cómo éste se comporta, algo para lo cual ni las familias ni los sistemas educativos los están preparando. “Los resultados mostraron la importancia del rol de la escuela secundaria, ya que está comprobado por estudios sicológicos que estas habilidades se desarrollan sólo hasta los 20 años. Por eso nuestro mensaje es que la escuela debe profundizar su enseñanza en este tipo de requerimientos”, dice a La Tercera Marina Bassi, experta en educación del BID y una de los responsables del estudio. Una mirada que comparten los empleadores. “Si hubiese más preparación en el colegio en este tipo de capacidades, los procesos de selección serían más fáciles. Abandonan el puesto de trabajo, porque tienen expectativas poco realistas y pretenden plazos cortos para ascender; vienen con una visión inmediatista y enseguida se frustran. Otros más se van porque no soportan la presión normal del trabajo. Como resultado, la rotación es del 30% por trimestre promedio. Eso significa que de cada 100 jóvenes, 30 se me van en tres meses”, relata al estudio del BID un empresario chileno del rubro de la hotelería”.
Fuente: La Tercera
21 marzo, 2012
Las compañías de todo el mundo tienen que trabajar para mejorar la satisfacción del trabajador porque tres de cada diez dicen que su lugar de trabajo no es psicológicamente seguro y saludable, según un nuevo sondeo.
Ya sea debido al estrés, al conflicto interpersonal, a la frustración, a la falta de ‘feedback’ o de promoción, un 27 por ciento de los trabajadores de 24 países dijeron que no estaban contentos con los aspectos psicológicos de su ambiente laboral, según un sondeo de Ipsos para Reuters.
“Los empresarios han de prestar atención a la salud mental de sus empleados, no sólo a la salud física”, dijo Alexandra Evershed, vicepresidente de Ipsos Public Affairs. “Tres de cada diez aún es una proporción bastante elevada, y asciende hasta el 44 por ciento en Argentina, el 43 por ciento en México y el 42 por ciento en Hungría”. Casi la mitad, el 47 por ciento, del total de 14.618 empleados encuestados estuvieron de acuerdo con que el lugar de trabajo era ‘un ambiente saludable y psicológicamente seguro’ y el 26 por ciento dijeron no estar seguros.
Aunque muchos estadounidenses tienen menos vacaciones que los europeos y pueden trabajar más horas y disfrutar de menos servicios sociales, los estadounidenses y los canadienses tenían las notas más altas en la evaluación positiva sobre la salud mental de su puesto de trabajo, seguidos por los trabajadores en India, Australia, Reino Unido y Sudáfrica.
Evershed sugirió que el desarrollo económico de algunos países podría haber desempeñado un papel en la evolución positiva entre los empleados. “Es mejor de lo que era”, dijo en una entrevista.
“India, China, Brasil, Sudáfrica, son países donde la perspectiva económica ha ido mejorando”. Los trabajadores de más de 50 años con buenos ingresos familiares y un nivel de educación superior eran los más satisfechos con los aspectos psicológicos del puesto de trabajo.
Ipsos encuestó a trabajadores en Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, Reino Unido, Hungría, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Polonia, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Corea del Sur, España, Suecia, Turquía y Estados Unidos.
Fuente: Emol.com
16 marzo, 2012
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