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Los hombres ponen a prueba a las mujeres

Hay una verdad acerca de los hombres que es bastante patética, pero indefectiblemente cierta: después de una primera cita, están alertas a ciertas señales que les indican si deberían huir de esa chica antes de que sea tarde. Suena un tanto fóbico y, de hecho, lo es. Este mecanismo funciona de manera automática en la mayoría: después de una primera cita, los hombres ponen a prueba a las mujeres.

Creíste que sólo el sexo femenino hacía este tipo de cosas, ¿verdad? Pues ahora ya lo sabes: ellos también evalúan a las mujeres con las que salen, sobre todo después de las primeras citas.

Concretamente, lo que los hombres quieren saber es si la chica en cuestión es una psicópata, lo cual sabemos que en el mundo masculino significa: demasiados llamados, un “te quiero” prematuro, entre otras cosas.

Aunque no estés actuando de una manera enfermiza, es posible que el chico con el que tuviste una cita se asuste con algunas actitudes. Si estás interesada en él y quieres avanzar a la siguiente etapa, evita los siguientes comportamientos que los hombres evalúan de las mujeres.

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Llamarlo sin cesar

A los hombres les encanta creer que tú no paras de pensar en ellos, pero no les interesan las evidencias de que es así. Si comienzas a llamarlo una y otra vez, sin parar, automáticamente te ganarás el título de “acosadora”. Y si lo haces justo cuando él está con sus amigos, no habrá vuelta atrás.

Resiste las ganas de contactarlo todo el tiempo. De esta forma, no sólo lucirás un poco más interesante ante él, también lograrás que tu chico esté esperando que lo llames. Además, tendrás más temas de conversación cuando se comuniquen o cuando se vean.

Dejar tus cosas en su casa

Los hombres pueden ser un poco fóbicos y paranoicos, pero no son tontos. Cuando descubren que estás olvidando “accidentalmente” tus pertenencias en su casa (un sostén en su cuarto, un peine en su baño), su luz de alerta se enciende. En esos casos, ellos saben que: quieres una excusa para volver o estás marcando territorio.

Si la relación todavía no es seria, no es correcto que dejes cosas en su casa porque aún no pertenecen allí. Hacerlo significará que estás forzando la relación, un comportamiento que los hombres desaprueban por completo.

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Dejar un comentario 23 mayo, 2012

Guía para reconocerlos: Hombres que nos amargan la vida

Las relaciones son una de las bellas artes. De las difíciles. Cuando compartimos la vida con alguien que nos conviene y con quien encajamos, todo parece fluir. ¿Y cuando no?… Respondan ustedes mismos. ¿Pero cómo reconocer a las personas adecuadas? A esta tarea se ha dedicado los últimos lustros la norteamericana Lillian Glass, auténtica superventas al estilo made in USA y mujer de formación ecléctica (estudió desde psicología a oratoria o medicina) y obra prolífica: consejera de comunicación, de lenguaje corporal y hasta de actores, tiene 15 libros publicados.

El último en llegar a España, de la mano de editorial Paidós, es Hombres Tóxicos, Diez Maneras de Identificar, Tratar y Recuperarse de los Hombres que Nos Hacen la Vida Imposible. Habla de esas personas positivas que nos harán crecer y son un regalo, porque siempre suman. Y de aquellas otras, negativas, que nos restan todo, las ganas y la energía y la vida misma, pues lograrán convertirnos en seres más y más pequeños cada día, sin identidad. Personas que nos complican la vida, nos faltan el respeto o, lo que es peor, nos maltratan o agreden. Y conforman relaciones envenenadas de las que hay que, si es posible, huir. Y si no se puede, a las que hay que saber, primero, identificar y, luego, asumiendo el riesgo que conlleva, saber tratar.

Gente como esta: el competidor celoso; el volcán-pasivo-agresivo engañosamente tranquilo pero a punto de entrar en una erupción mortal; el sabelotodo arrogante y presuntuoso; el mentiroso seductor, manipulador e infiel; el obseso del control, furioso y déspota; el cizañero y traidor; el víctima autodestructivo que lo ve todo negro; el espantapájaros débil y sin iniciativa; el narcisista egocéntrico cuyo lema es: yo, mí, a mí, conmigo y para mí; el congelador emocional; el sociopsicópata… Hay métodos para aprender a detectarlos, dice Glass, mostrando, además, que el territorio de la autoayuda no sabe de crisis. Desde 1995 lleva escribiendo y hablando del tema con gran éxito, hasta el punto de ser considerada por muchos ‘primera dama’ de la comunicación en su país. “Ese año publiqué el libro titulado Relaciones Tóxicas: 10 Maneras de Tratar con las Personas que te Complican la Vida. Y ahora tal término, gente tóxica, se ha convertido en parte del vocabulario cotidiano”, asegura por e-mail desde Estados Unidos.

Ella describe ahora los perfiles de esos 11 tipos principales de varones tóxicos citados arriba a través de sus comportamientos, actitudes y gestos: los tonos de voz, la manera de hablar, los movimientos de hombros o cejas, la posición de manos o piernas, su discurso… Todo lo que no vemos mientras estamos ciegos en busca del ideal. ¿Ha tenido Glass muchos hombres tóxicos cerca?, le preguntamos. “No, no, solo que en mi trabajo oía cientos de historias acerca de aquellos que hacían la vida miserable a los demás, y comencé a darme cuenta de que había patrones, y a anotarlos, a buscar datos y maneras de tratarlos… Y vi que funcionaba”. Así nació el primer libro. Y luego le pidieron secuelas.

¿Y qué hay de las mujeres tóxicas? Su respuesta es veloz: “Por supuesto que las hay, y toda la información en este libro se aplica igualmente a ellas. Si un hombre tiene una mujer tóxica en su vida, este libro le ayudará igualmente”. La autora insiste en que no le gusta el título de hombres tóxicos elegido en algunas ediciones porque lleva a confusión y puede resultar excluyente. “El libro no es una acusación al sexo masculino sino todo lo contrario, trata de la curación. De ambos: hombres y mujeres”.

Tóxico es todo aquel que nos provoca emociones negativas, que se porta mal con los demás y no nos trata bien, y que nos hace sentir mal, afectando de esta forma nuestro comportamiento y autoestima. El instinto, afirma Glass, es un gran aliado, porque es él antes que nadie quien suele avisar: “Llamado así, o sexto sentido o presentimiento, pero ¡escúchalo! Y recuerda siempre que el cuerpo no miente. Ni tampoco lo hacen la voz ni los patrones del discurso”.

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Dejar un comentario 15 mayo, 2012

20 a 35 años: el período de la vida en que los chilenos son más felices

Si le preguntan en qué edad ha sido más feliz, lo más seguro es que su respuesta sea “en los 20″: un período donde todo es novedad, vértigo y las responsabilidades apenas nos esbozan un güiño. No por nada, la curva de la felicidad en la mayoría de los países del mundo es igual a una U, que revela que la gente es más feliz en los extremos de su vida: en los 20 y sobre los 60, cuando volvemos a vivir el presente, dejando atrás las grandes obligaciones.

Para los chilenos, sin embargo, no es así. Más que una edad de oro, en nuestro país hay un período dorado: entre los 20 y 35 años. Pero este es el único lapso de la vida en que los chilenos dicen sentirse felices. Así lo revela un estudio realizado por Esteban Calvo, investigador del Instituto de Políticas Públicas de la U. Diego Portales, quien asegura que tras esa etapa viene el declive, con su peak negativo entre los 45 y 50 años, para luego remontar muy levemente y estancarse. “En vez de una U, la curva de la felicidad en Chile más bien parece una semisonrisa”, dice Calvo. “Y para ser sincero, con un toque de tristeza en la comisura derecha del labio”.

¿Por qué valoramos tanto los primeros años? El experto dice que así como en el resto del mundo las personas aprecian positivamente la época de los amigos y las juergas en la universidad, en nuestro país esa satisfacción con la vida se extiende también a la época de la primera pareja estable o del primer trabajo, donde todo es aún ensayo y error, y la sorpresa de lo nuevo aún nos entusiasma. Hay más responsabilidades, pero todavía no nos parecen un yugo definitivo, como a la mediana edad. ¿Por qué la felicidad no regresa en la vejez?: “A diferencia de otros países, en Chile los adultos mayores no tienen los espacios ni la tranquilidad financiera para disfrutar la vida”.

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Dejar un comentario 16 abril, 2012

Crece número de hombres que tiene tuición de sus hijos

“Eres uno en un millón”. “Sé que no me resultará”. Son las frases que Claudio Acevedo (38) ha escuchado reiteradas veces por parte de hombres a los que les cuenta que le dieron a él y no a su ex mujer, la tuición de su hija. La mayoría lo mira con excepticismo, tanto que más de alguno le ha preguntado “¿cuánto pagaste?”. Pero el caso de Claudio no es tan extraño. Según la Corporación de Asistencia Judicial, desde 2008 a 2011, aumentó casi ocho veces el número de hombres que tiene tuición de sus hijos, pasando de 37 a 314 casos, respectivamente. La cifra es el reflejo de una realidad que poco a poco se está haciendo más habitual: el interés de los hombres por criar a sus hijos después del divorcio y la acogida que ese interés está teniendo en los tribunales. De hecho, así da cuenta la encuesta Casen 2009: en Chile existen 17.213 hogares conformados por un padre y sus hijos.

Pero antes de llegar a tener el cuidado personal de los hijos -así se llama ahora-, Claudió consultó con cuatro abogados. Y las cuatro veces recibió la misma respuesta: “Es imposible que obtenga la tuición de su hija”. La razón, cuenta, es que “para conseguirlo, la única causal eran situaciones límites, como abusos de parte de su madre”.

No era su caso.

Luego de una relación de pareja de dos años y medio, que finalizó en enero de 2006, Claudio mantenía un buen trato con su ex esposa. Pero podía ver a su hija de dos años sólo los fines de semana. En eso estaba, cuando con mayor frecuencia la madre de la niña comenzó a pedirle que la pasara a buscar más seguido. En mayo de 2006, a raíz de un resfrío de la niña y los problemas de la madre para cuidarla, acordaron que Claudio se la llevaría a vivir con él. Eso sí, él seguiría pagándole la pensión alimenticia.

Llegó la fecha acordada. Su ex pareja le comunicó que quería estudiar y trabajar, y que era mejor que la niña se quedara con él y ella sería ahora quien la pasaría a bucar los fines de semana. El sistema funcionó hasta que un día la madre se atrasó mucho en llevarla de vuelta. En ese minuto, Claudio se dio cuenta de que si la madre se llevaba a la niña, él no podría hacer nada: quería la custodia.

De ahí la visita a cuatro abogados con sus respectivos diagnósticos pesimistas. Hasta que encontró a una abogada experta en temas de familia. “No está todo perdido”, le dijo. Podría lograr, por último, no seguir con la pensión de alimentos, ya que él vivía con su hija. La demanda se inició en marzo de 2008. Tuvo que demostrar que era un buen cuidador. Que siempre fue el apoderado. Que era él quien la llevaba al doctor. Todo con testimonios. Hablaron desde la directora del colegio al pediatra de su hija.

En junio llegó la instancia de avenimiento. Se sintió más aliviado. Pero no llegaron a acuerdo. Les dieron un mes para lograrlo. Un día antes del plazo, su ex pareja lo llamó: “Lo único que quiero es que no la alejes de mí”, y aceptó ceder la tuición.

Decir que fue una tremenda alegría, es poco, asegura Claudio: “Yo, más que la legislación, fui quien puso las trabas. Está asentada la idea de que la tuición se entrega sí o sí a la madre y los hombres dan perdida la batalla antes de darla. Yo me demoré tres años”.

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Dejar un comentario 14 marzo, 2012

Cosas que los hombres no entienden de las mujeres

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¿Quieres saber qué piensan los hombres? Aquí uno de ellos nos lo explica. ¡Sigue leyendo! Un beso, Feña.

Muchas veces escucho a las mujeres decir que los hombres no las entendemos, y eso no siempre es cierto. Precisamente en esos casos en los que ellas consideran que nosotros no las comprendemos es cuando, en realidad, no es tan difícil hacerlo: cuando están más sensibles, cuando tienen celos, cuando quieren ir de compras, cuando no paran de hablar, etc. Esas son características propias del género femenino que la mayoría de los hombres podemos entender sin ningún problema.

Sin embargo, no voy a negar que existen cosas que los hombres no entienden de las mujeres. Se trata de ciertas actitudes, comportamientos y cositas más puntuales, a las cuales muchas veces no logramos encontrarles una explicación razonable. Tal vez al leer este artículo puedan ayudar a los hombres que las rodean a entender algunas de estas cosas. ¡Presten atención!

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Accesorios desparramados por toda la casa

Muchos hombres nos preguntamos, por ejemplo: ¿por qué las cintas para atarse el cabello siempre se encuentran desparramadas por toda la casa? ¿No es más fácil guardarlas todas en un mismo cajón, por ejemplo? Somos muchos los que nos hacemos este tipo de preguntas luego de encontrarnos con los accesorios de la mujer con la que convivimos en lugares como las manijas de las puertas, la canilla, el televisor ¡y hasta el microondas!

 Miedo desenfrenado a los insectos

Teniendo en cuenta que —se supone— las mujeres están preparadas para soportar intensos dolores, como el que implican la depilación y el parto, ¿cómo es posible que ante la presencia del más indefenso de los insectos pierdan la cordura? Sinceramente, los hombres no logramos encontrar coherencia alguna entre estos dos comportamientos femeninos tan antagónicos.

Cientos de pares de zapatos

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Los años pasan y nosotros seguimos sin encontrar una respuesta a esta pregunta: ¿es realmente necesario tener esa cantidad de pares de zapatos? Y si en verdad es tan necesario, ¿por qué jamás las vemos usarlos todos? Por algún motivo que claramente aún no comprendemos los hombres, las mujeres nunca dejan de comprarse zapatos, ¡pero siempre usan los tres mismos pares!

Zapatos muy altos

No es que los hombres no podamos entender que usen zapatos altos, lo que no se entiende es que usen unos ¡tan altos! Es verdaderamente inconcebible que estén cómodas sobre semejantes tacos, y les aseguro que no es necesario que se suban a esas cosas para verse lindas.

Cómo concluir un llamado o un mensaje de texto

Nunca entenderemos cuál es la palabra justa que hay que decir cuando vamos a cortar el teléfono o cuando nos despedimos por mensaje de texto. Sea como sea, a las mujeres siempre les parece que “estamos distantes” o, en el más exagerado de los casos, que “no las queremos más”. Sería mucho más fácil si nos dijeran exactamente qué es lo que quieren que les digamos, ¡y listo!

Estoy seguro de que estas pequeñas cositas que los hombres no entendemos de las mujeres no son tan difíciles de explicar. Si alguna mujer está dispuesta a hacerlo, que no dude en escribirnos, ¡todos los hombres estarán agradecidos!

Fuente: iMujer.com

1 comentario 2 marzo, 2012

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