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Claudia e Iván se inscribieron en un programa de fertilización asistida, pero tras un año de exámenes, entrevistas y trámites sin éxito decidieron pedir otra opinión. Hace un año y cuatro meses nació su primera hija mediante fertilización asistida y dejaron un embrión congelado, pues Claudia tenía 39 años. Hace seis meses decidieron recuperarlo, ya que ella tenía 41 y el tiempo para ser madre se agotaba. Como las posibilidades de éxito eran menores debido a su edad, en la Clínica Monteblanco le ofrecieron usar una técnica única en Chile y A. Latina: Assisted Hatching.
Se trata de un láser de última generación que realiza un corte preciso en el embrión, para que éste pueda implantarse en el endometrio: etapa en el que muchas fertilizaciones asistidas fallan.
El óvulo humano es una célula que mide cerca de 150 micrones (0,150 mm). En una gestación natural, este óvulo es penetrado por un espermio de siete micrones. En los cinco o seis días que siguen, en su interior ocurren una serie de divisiones celulares que dan origen a un embrión que debe introducirse en el endometrio de la mujer. Esta es una estructura muy vascularizada desde la cual el embrión y futuro feto extrae sangre para desarrollarse. “El proceso en el que este embrión se introduce en el endometrio, futura placenta, se llama anidación. En esta etapa, el óvulo fecundado rompe la membrana que lo recubre y se mete en el endometrio”, explicó el doctor Ricardo Pommer, director de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Monteblanco.
En la mayoría de las clínicas chilenas que hacen reproducción asistida, los óvulos fecundados en el laboratorio son implantados en el día tres después de la fecundación, por lo que esta anidación -que ocurre al quinto o sexto día- sucede en el útero y no puede ser controlada. Es así como muchos embriones se pierden porque no son capaces de romper su membrana.
A mayor edad de la mujer, los óvulos poseen una membrana más gruesa, superior a los 15 micrones. Si los óvulos se congelan, la capa también se vuelve más dura, dificultando la salida del embrión de su membrana, lo que impide implantarlo en el útero. Para esos casos, desde diciembre de 2011, la clínica cuenta con este láser que permite hacer un orificio en la membrana del embrión con una precisión de tres a siete micrones.
Antes de usarlo, los expertos esperan a ver qué pasa con el embrión en su quinto día de fecundación en el laboratorio. Naturalmente, debe romper su membrana para ser implantado. Si no lo logra, en el día seis, se le hace un orificio con el láser a las ocho de la mañana y a las 11 ó 12 se implanta en la mujer como en cualquier reproducción asistida. “La idea es ayudar a que la naturaleza se exprese. Sólo si hace falta se dispara con el láser para ayudar a que ese embrión se anide”, dijo Pommer.
A la fecha, el láser se ha utilizado en el tratamiento de fertilidad de 26 chilenas. Diez de ellas están embarazadas.
La opción ha hecho que aumente en 30% los embarazos, en comparación al procedimiento normal de fertilización asistida. En septiembre nacerá María Jesús, la hija de Claudia. Una de las primeras en ser ayudada con el láser.
Fuente: La Tercera
14 mayo, 2012
Cada día es más común ver a niñitas jugando a la mamá, pero también actuando como si fueran al trabajo. Algo está pasando en Chile que, definitivamente, los niños están incorporando en el juego roles que antes no imaginábamos ver. ?Una verdadera oportunidad?, dicen los expertos, pues en la medida en que los hijos crezcan imitando a la madre que trabaja o al papá que cuida los hijos, tendremos no solo más equidad, sino también jóvenes capaces de conseguirlo todo.
Todas las tardes Julieta saca a pasear a su niñita en el coche y, luego de un rato, vuelve a casa y parte al trabajo. Algo que también hace Antonia, mientras que Catita carga unos pesados libros de Derecho y anuncia que la esperan en el estudio de abogados. Nada especial, igual que gran parte de los chilenos… solo que, en este caso, estamos hablando de menores de 6 años, niñitas que siguen jugando a la mamá, aunque con matices distintos a los vistos hace 30 años. Al parecer, las nuevas generaciones han ido asumiendo roles que antes no soñábamos con ver…
“El juego, en los niños, es una herramienta y una vivencia, equivalente al relato de los adultos. Es muy importante, y en la medida en que lo observamos, podemos acceder al mundo interno infantil. Entonces, que las niñitas estén incorporando en sus juegos roles que no han sido adscritos tradicionalmente a lo femenino es reflejo de que se están asumiendo maneras más amplias de ser mujer. Las niñitas están validando que tienen otras capacidades, sin dejar de identificarse con los aspectos femeninos de siempre”, advierte Carmen Olivari, sicóloga infanto-juvenil y profesora de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica.
No hay estudios al respecto, pero, a partir de la observación, muchos reconocen que algo está cambiando en nuestra sociedad.
“Es muy lógico que hoy las niñitas estén jugando a la mamá que trabaja. Aunque no hay investigaciones sobre este tema, sí existen revisiones de lo que se juega en el patio del colegio. Las niñas ya no acostumbran jugar tan domesticadamente como se cree, sino que se divierten riéndose de los profesores y desafían, un poco, el orden”, dice Silvia Lamadrid, socióloga, académica miembro del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile.
Carolina Abbott también puede hablar con propiedad sobre este fenómeno social. Como gerente general de Mujeres Empresarias y madre de cuatro hijos, lo ha vivido. Más de alguna vez ha escuchado decir a sus dos niñas la idea que quisieran ser ejecutivas como ‘la mamá’: “Veo que este entusiasmo está motivado por todo lo que involucra ser una mujer de empresa. Mis hijas están muy pendientes de cómo me visto o de qué lugares elijo para comprar todo lo que tenga que ver con la oficina. La verdad es que es muy gratificante porque demuestra las ganas que tienen las generaciones más jóvenes de ser parte importante del mundo laboral, que es básicamente lo que nosotras promovemos en Mujeres Empresarias”.
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11 mayo, 2012
La ONG Save of Children ubicó quinto a nuestro país entre 83 naciones en vías de desarrollo.
Islandia, Suecia y Japón son los mejores países del mundo para que un niño nazca y se desarrolle. Un sitio que en Sudamérica ostenta Chile, según el ranking que la ONG Save The Children realiza cada año en 165 países y que mide indicadores de salud, economía, educación y sociedad, entre otros.
El ranking -que divide a los países según su nivel de desarrollo en tres grandes grupos- ubica a Chile quinto entre 83 países emergentes y primero en la región, antes que Brasil, Argentina y Uruguay. “Pese a que hay desigualdades en el sistema educativo y en el acceso a la atención de la salud, Chile es un buen lugar para ser niño”, dice Ana Rahona, de la ONG Save The Children.
Rahona cita ejemplos: Chile es el segundo país de Latinoamérica en tener la tasa más baja de mortalidad infantil: fallecen nueve niños menores de cinco años por cada mil nacimientos. “Eso significa que sólo un niño muere entre 111 antes de su quinto cumpleaños”, dice Rahona. En países como Brasil o Colombia, esa tasa es de 20 por cada mil nacidos. El primer lugar lo ostenta Cuba, con seis niños por cada mil nacimientos.
Otro aspecto relevante para Save the Children es la baja tasa de desnutrición de nuestro país. “Sólo el 1% de los niños tiene desnutrición. Solamente Costa Rica tiene indicadores iguales”, dice.
¿En qué falta avanzar? En educación. Según las cifras del organismo, un 12% de los niños chilenos que asisten a escuelas primarias no pasa a educación secundaria. Una cifra baja, pero donde Brasil (0%), Costa Rica (0%), Colombia (4%) y Perú (8%) lucen mejores resultados. “Chile ha hecho un buen trabajo en hacer que los niños entren a la escuela primaria, pero un 10% aún no llega a secundaria y ahí hay un trabajo por hacer”, dice.
Madres y mujeres
El ranking de Save The Children también mide los mejores y peores países del mundo para ser madre y mujer. En ellos, Chile se instala en el 15º y 20º lugar, respectivamente, entre 80 países emergentes. En el mundo desarrollado, Noruega, Islandia y Suecia lideran la medición para las madres.
Según la experta, uno de los datos que avalan a Chile como un buen país para ser madre es que luce la tasa de mortalidad materna más baja de Latinoamérica (una muerte cada 2.000 nacimientos). Esto se debe, dice, a que casi todos los nacimientos en nuestro país son atendidos por personal sanitario especializado. “Sólo Uruguay y Cuba tienen tasas igualmente elevadas de cobertura. En Guatemala, únicamente el 34% de los partos es atendido por personal calificado, y en Bolivia, sólo el 71%”.
La esperanza de vida es también la más alta en toda América Latina. Las mujeres en Chile pueden vivir, en promedio, 82 años de edad. En Argentina, 80 años; en Brasil, 77 años; en Colombia, 78; Venezuela, 78; Paraguay, 75, y Bolivia, 69 años.
¿Qué hace que Chile no esté mejor posicionado en el ranking de madres y mujeres? La brecha salarial y su escasa participación política en el Congreso y gobierno. “Las chilenas sólo ganan 42 centavos por cada dólar que gana un chileno y sólo un 14% de los escaños en el Parlamento son ocupados por mujeres”, dice Rahona. Algo que se da en menor proporción en otras naciones sudamericanas, dice la experta. En Colombia, por ejemplo, ellas ganan 71 centavos por cada dólar que gana un hombre, y en su Congreso, el 45% de los asientos son ocupados por mujeres.
Fuente: La Tercera
9 mayo, 2012

Los bebés concebidos a través de ciertas técnicas de fertilidad tienen casi un tercio más de posibilidades de contraer algún defecto congénito que los niños engendrados sin la ayuda de la tecnología, según una revisión de varias docenas de estudios.
Sin embargo, los investigadores -cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista Fertility and Sterility- no determinaron qué tratamientos de fertilidad estaban ligados a las tasas más altas de defectos congénitos o incluso si la tecnología es la responsable.
La fertilización in vitro (IVF por sus siglas en inglés) – en la que el óvulo de la madre es fecundado fuera del cuerpo e implantado después en el útero- ha estado disponible para las mujeres que quieren ser madre desde hace más de tres décadas, y numerosos estudios han analizado los riesgos potenciales de estas técnicas.
Zhibin Hu de la Universidad Médica de Nanjin y sus colegas recogieron los resultados de 46 estudios que comparaban el número de defectos congénitos entre los niños concebidos usados una técnica in vitro y los engendrados normalmente.
Para más de 124.000 bebés nacidos gracias a IVF o usando el procedimiento ICSI – en el que un único espermatozoide es inyectado directamente en el óvulo- el riesgo de presentar defectos congénitos fue un 37 por ciento más alto que en los otros niños, encontraron.
“Los niños concebidos por IVF y/o ICSI presentan un riesgo significativamente más alto de nacer con defectos congénitos, y no hay diferencias en los riesgos de los engendrados con IVF y/o ICSI”, escribió el equipo.
Según los centros para el Control y Prevención de Enfermedades estadounidenses, los defectos de nacimiento más graves, como malformación de una extremidad o un órgano, afectan a casi tres de cada diez niños que nacen en Estados Unidos.
El aumento al 37 por ciento podría incrementar esa tasa hasta cuatro de cada diez bebés. “(El informe) confirma lo que mucha gente ya aceptaba, que sí que hay más riesgos de presentar defectos congénitos asociados con las técnicas de reproducción asistida”, dijo William Buckett, profesor de la universidad McGill, que no participó en la revisión.
La cuestión de por qué la mayoría de los estudios encuentran que los defectos de nacimiento son más comunes entre los niños concebidos con IVF, continúa sin respuesta. Es posible que las mismas razones por las que las gente tiene problemas para concebir y busca tratamientos de fertilización podrían influir en el mayor riesgo de tener un hijo con un defecto de nacimiento.
También es posible que las técnicas de reproducción en vitro por sí mismas, la manipulación de los embriones o los medicamentos que van asociados con el tratamiento, podrían estar relacionados. Una tercera teoría es que la aparición de estos problemas solo parece ser más común entre los niños concebidos con técnicas de fertilidad porque están más controlados que los otros bebés, dijo Buckett.
Fuente: Emol.com
26 abril, 2012
Claro que es un tema. De hecho, eso de que a muchos niños les va mal en matemática, más que un tema, es un drama cuando ya en 4° básico las divisiones son para ellos como el último enigma de Occidente. Y tan así es, que las universidades estadounidenses de Chicago y Carnegie Mellon abordaron el tema a través de investigaciones en las que, como parte de las conclusiones, establecen varios pasos para tratar -y conseguir- evadir ese instante en que un niño dice “soy malo para las matemáticas” y que se instala como una verdad absoluta.
La clave, dicen los investigadores, es aplicar estos pasos en el período preescolar. ¿La razón? La sicóloga y experta en desarrollo, Susan Levine, a cargo del estudio de la U. de Chicago, afirma que los niños presentan una variación importante en su capacidad de adquirir conocimientos matemáticos en esta etapa y es esta misma variación la que finalmente predice los logros que tendrán en el futuro escolar.
Converse de números: Luego de someter a 44 niños con sus padres a un experimento, los expertos de la U. de Chicago se dieron cuenta de que no sirve de mucho que su hijo sepa contar del uno al 10, si es que no sabe lo que esto significa. Es decir, los niños que tienen más éxito son aquellos cuyos padres incluyen los números en las rutinas diarias como, por ejemplo, decirle “cómete sólo dos galletas o tráeme tres servilletas”, es decir, que combine los números con los elementos, de esta forma, el niño cuando cuenta del uno al 10, sabrá lo que significa realmente.
Háblele de las relaciones espaciales: “El lápiz azul es más grande que el lápiz rojo”. Según la investigación, a los niños que se les habla de esta manera, manejan mejor las dimensiones de los objetos. Además, los expertos agregan que este conocimiento, útil para las matemáticas en la edad preescolar, es muy maleable. Por lo tanto, enséñele de formas, muéstrele que un triángulo tiene tres lados, o que si él es más alto que su hermano. Mediante la vinculación de los números y las formas en las conversaciones, podrán comenzar a entender la definición de la geometría.
Cuando hable, mueva las manos: Un estudio de la Universidad Carnegie Mellon demostró que realizar gestos mientras les habla a los niños, promueve sus habilidades numéricas y espaciales, ya que el hecho de apuntar les ayuda a asociar cada número con el objeto. En la investigación, incluso, descubrieron que los niños que movían sus manos para contar, lo hacían mucho más fluido que los que no lo hacían y también identifican de manera más rápida las dimensiones de los objetos.
Involucre a su hijo en los juegos espaciales: La misma investigación de la U. de Chicago recomienda que los padres motiven a sus hijos a jugar con rompecabezas, ya que eso les permite desarrollar sus habilidades cognitivas, motoras y espaciales, lo que trae como consecuencia mejoras en las matemáticas. Con este juego, el niño aprenderá a predecir si una pieza es la indicada para determinado espacio, lo que le dará la posibilidad, al menos, de imaginar los resultados de las transformaciones espaciales, como la rotación de una pieza de puzzle. Ahora, si a su hijo le gusta más la tecnología, los expertos han determinado que el juego Tetris reporta los mismos beneficios.
Los juegos de mesa también son útiles: Invite a los niños a jugar Gran Capital. El hecho de que tiren un dado y aprendan a avanzar en los espacios del tablero, les permite ir adquiriendo un conocimiento matemático que no olvidará fácilmente. Así lo demostró otra investigación de la Universidad Carnegie Mellon, que reveló que un grupo de niños en edad preescolar que juegan juegos de mesa tienen posteriormente un mejor desempeño en cuatro tipos de tareas numéricas (contar, planificar, conectar pensamientos abstractos a objetos concretos y a pensar estratégicamente). Los investigadores, además, se dieron cuenta de que esas ganancias eran todavía evidentes nueve semanas más tarde.
Fuente: La Tercera
18 abril, 2012
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